sábado, 24 de diciembre de 2011

PLAZA SILVIO SOLDÁN RESTAURADA





El año pasado, alrededor de esta fecha, visité la Plaza Silvio Soldán, en el Barrio Paso de Jama, en la ciudad jujeña de Palpalá.
Me pareció muy acertada la idea del intendente local, Alberto Ortíz, de rendirle un homenaje en vida a una personalidad como Silvio Soldán. Como así también que lo invitara en enero de 2007, a la inauguración de la plaza, que también recuerda al programa "Grandes Valores del Tango", que lo tuvo como conductor por varios años en Canal 9.
Lo que reproché en diciembre de 2010 fue el lamentable estado del paseo público. Tenía el pasto alto y los monumentos estaban pintarrajeados con dibujos horribles, y mensajes de amor e insultos. Incluso puse en mi escrito que tal vez el intendente, con tantas ocupaciones, eso no lo sabía, pero que sería bueno que alguien le avisara para cambiarle la cara a la placita.
No quería, sin embargo, quedarme con esa imagen. Me prometí a mí misma, que cuando regresara en abril y la plaza volvía a lucirse como en el tiempo de su inauguración, lo iba a registrar con fotos y videos para "levantarle el aplazo".
Pero no fue así. La plaza seguía igual de olvidada. Sólo que por el poco tiempo que estuve en Jujuy en ese momento, no me dio tiempo para fotografiarla y filmarla, y escribir que "todo seguía igual que en diciembre del año pasado".
Será porque Silvio me cae bien y también el intendente, por toda la obra que ha hecho transformando basurales en paseos públicos, aumentando los lugares para la práctica de deportes e incentivando la Cultura, que decidí esperar hasta ahora.
Es que yo quería decir con orgullo: "Vieran que linda placita tiene Silvio Soldán en la provincia de Jujuy".
Hasta mi nuevo regreso, se produjo un hecho inesperado.
Una noche, en pleno invierno, escucho a Baby Echecopar en su programa de Radio 10, leer mi texto sobre la plaza, tal cual yo lo había escrito en mi blog, pero sin mencionarme a mí como autora. Nada. Él sólo se hacía eco por la existencia de una plaza para Soldán que "estaba olvidada".
Mandé de inmediato un mensaje de texto a la radio para que me llamen y así poder contarle a Baby que había leído un escrito mío y para explicarle pormenores de la existencia del paseo público. A los pocos minutos, su productor, me llamó y me dejó en espera.
En ese interín, la producción se comunicó con el intendente Alberto Ortíz. Me imagino la reacción del funcionario, al recibir pasada la medianoche, cuando tal vez ya estaba en cama, un llamado de Radio 10 para pedirle explicaciones por el "mal estado de la Plaza Soldán". Otra persona ni siquiera lo hubiera atendido.
Sin embargo, Ortíz, con toda amabilidad, se sometió a las consultas de Baby. Aunque eso sí, le debe haber crecido una naríz de Pinocho, porque negó que la placita estuviera abandonada. Y yo tenía gente que daba fe que hasta esa fecha no se había hecho nada al respecto.
Después la entrevista se fue por otros caminos, ya que Baby le comentó que le había encantado Jujuy, cuando estuvo con su espectáculo unipersonal en la capital provincial, y que quería repetir la experiencia. Esto le dio pie al intendente para decirle que en Palpalá él había reinaugurado un teatro con todas las comodidas y que sería un honor que Baby se presentara en él.
Alberto Ortíz se fue a dormir tranquilo. Yo mientras tanto, seguía en línea, esperando, hasta que finalmente me pusieron al aire con el conductor del programa.
No sé si no me creyó o simplemente se hizo el gracioso, pero cuando le dije que había leído uno de los escritos de mi blog y había visto las fotos que yo saqué, me respondió que "no era cierto, que la información de la plaza se la había enviado un corresponsal que tenía en Jujuy". Sólo alcancé a decirle que la plaza aún seguía descuidada.
La charla no se extendió demasiado. Advertí de inmediato que ya se había aburrido del tema y todo quedó ahí.
Yo en cambio, me quedé muy molesta con quienes habían publicado mi escrito, sin reconocerme como su autora. Sólo eso, porque nunca pretendí dinero por esa información.
Me puse a buscar por internet y allí apareció que el portal "En Instantes", al que yo se lo había enviado en el verano, lo había publicado como propio, con mi texto, sin ninguna modificación y con las fotos que yo había tomado.
La queja se la envié por twitter, pero nunca me respondieron. Ni para mostrarse molestos, ni para pedir disculpas. Ahora eso quedó atrás.
Apenas llegué en esta oportunidad a Jujuy, le pregunté a mi mamá por la Plaza Soldán. Ella me respondió que habían borrado los garabatos y pintado los monumentos. Y es verdad, la placita está linda como si recién la hubieran inaugurado.
Bajo un sol abrazador, fotografié y filmé su cartel verde identificatorio, su Obelisco, su guapo realizado con hierro, su bar y su bandoneonista, encabezando el paisaje.
Así es como quería verla, restaurada y lista para que todos la conozcan. El intendente cumplió, seguramente después de la nota con Radio 10, con tenerla cuidada. Ahora sí vale la pena darse una vuelta por la "Plaza Silvio Soldán y Grandes Valores del Tango"...

martes, 20 de diciembre de 2011

"MOIRA" YA NO ESTÁ



"Tu gatito dejó de sufrir". Con estas palabras y entre lágrimas, mi tía me comunicó por teléfono y a 1900 kilómetros de distancia, que Moira había sido sacrificado en el Instituto Pasteur.
Antes de viajar para visitar a mi familia, le toqué la cabecita y le dije: "Chau, Moirita, tal vez esta sea la última vez que te vea..."
Así fue. Su muerte era inevitable. Era inhumano hacerlo permanecer con vida con un cáncer en la boca que lo iba debilitando día a día.
En la última visita al veterinario, hablamos sobre la eutanasia y el precio de la misma. Pero si bien me dijo que más allá del antibiótico que le habían aplicado el 3 de diciembre, con duración de un mes, y un antiséptico que a manera de spray le aplicaba en la boca para anestesiarlo, al menos por un rato, era lo único que se podía hacer por él.
En esa oportunidad, ni siquiera me quiso cobrar la visita. Pero como su política es la de no sacrificar a ningún animal, mientras coma, por eso habían optado por esperar un tiempo más.
Lamentablemente, tuve que dejárselo al cuidado de mi tía en esas condiciones. No hubiese querido que ella, una mujer de 80 años, asumiera la responsabilidad de cuidarlo estando tan enfermo y también decidir la suerte de mi animalito.
Para evitar que el veterinario, vuelva a decir que "aún no es tiempo de sacrificarlo", mi tía no lo llevó a la misma veterinaria, sino que en un taxi lo trasladó al Pasteur.
Allí se dio cuenta de la situación deplorable del gatito. Que no había otra solución que la eutanasia. Ese pelo que en la primera foto aparece brilloso, últimamente se había tornado gomoso, pegadizo y opaco.
Me contó que en los últimos días, ya no podía ni sacar la lengua porque el cáncer estaba haciendo estragos en su boca. Eso significa que apenas podía comer. Porque el tumor estaba al lado de la dentura. Pobrecito. Cómo habrá sufrido y él nunca se quejó.
No soy partidaria de la muerte de una persona, porque Dios es quien decide cuándo nos llega el momento. Pero hay situaciones extremas donde el sufrimiento, me obliga a pensar en excepciones.
Es lo que me sucedió con Moira. Yo sabía que era un enfermo terminal. En mi interior, como me pasó con Bambita que murió sin intervención de un tercero de un cáncer fulminante de páncreas, hubiera querido que con Moira ocurriera lo mismo.
Pero hay que ser realista, era una crueldad extenderle la vida.
Pese a que el tiempo que estuvo conmigo, traté de darle lo mejor, Moira tuvo una vida de mierda. Así, lisa y llánamente.
Cuando Canal 9 se mudó de la calle Gelly en Palermo Chico al edificio que había sido un mercado en la calle Dorrego y Conde, en Colegiales, Moira ya estaba. Por eso desconozco su edad. Sé que era viejito, porque nosotros nos mudamos en 1997.
En ese tiempo, no sabía que era un gato. Yo creía que era una gata, ya que no se le veían los testículos. Por eso le puse Moira. Pero después me enteré que una chica del canal, que como yo le daba de comer, lo había hecho castrar. El nombre ya lo tenía y pense en la Mona Jiménez, que es hombre y le dicen "Mona", y le quedó "Moira", aunque yo también lo llamaba cariñosamente "Moireso".
Lo traje de Canal 9 porque algunos de mis "compañeritos" me amenazaron con matarlo, ya que tenía la costumbre de dormir en la redacción. Me culpaban a mí de esa costumbre del gato y no escuchaban mis explicaciones de que el animal vivía allí, antes que trasladaran la redacción del noticiero a ese sector del canal.
Un buen día, volví a la tarde con la jaula y me lo llevé a casa.
Pero cometí un error. No busqué a otra persona para que lo ingrese al departamento y mis otros gatos, celosos, cuando me vieron entrar, lo odiaron hasta el final de sus días.
Por muchos años vivió escondido, con su comida y sus piedritas para las necesidades propias, y sólo moviéndose en un radio muy pequeño. Si llegaba a intentar moverse de ese lugar, cualquiera de los otros gatos y sobre todo Cocó, venía a atacarlo. Y yo tenía que interponerme para que la cosa no llegara a mayores.
Sin embargo, desde el año pasado decidió liberarse. Salió de atrás de un mueble y comenzó a utilizar un almohadón. Y los demás no lo molestaban tanto. Como si hubieran comprendido que tenían que aceptarlo. Que era uno más de mis "hijos".
Después le compré una camita para felinos, de modo que alternaba entre el almohadón y la camita. Pero lo que más le gustaba a Moira, sobre todo en la época de Primavera y Verano, era estar en la camita, en forma de pantufla gigante, que estaba en el balcón. Seguramente elegía ese sitio, porque él había vivido afuera, en el patio del canal.
Sé que no fue suficiente el amor y la protección que le brindé en estos años. Tampoco los remedios sirvieron para nada. Y lo que más me duele en este momento es que no estuve con él en sus últimas horas de vida. Una caricia de su "mamá postiza" le habría venido bien, antes de recibir la inyección letal.
Lo único que compensa mi tristeza es pensar que en el cielo de los gatos, Moira es ahora libre, sano y feliz. Chau, Moirita, nunca te olvidaré...

martes, 13 de diciembre de 2011

"LOS ABUELOS..." EN EL EX MERCADO DE ABASTO






En 1954, el cineasta Lucas Demare reflejó como nadie en su película homónima, lo que era el mundo del Mercado de Abasto.

Guapos, mujeres de armas tomar y dispuestas a tomarse a golpes por el amor de un hombre, un dueño que se negaba a pagar los impuestos y el tango infaltable para ponerle letra y música a los avatares de la vida. Y en ese mundo de verduleros, fruteros y carniceros, estaba Tita Merello, la carnicera del mercado, para inmortalizar con su voz, su belleza criolla y su particular manera de interpretar, el inolvidable tema "Se dice de mí".

Este era el barrio de Carlitos Gardel. El de los primeros amigos. El barrio donde comenzó a deslumbrar con su voz única y que lo llevó a los escenarios del mundo.

Al viejo Mercado de Abasto llegaban los camiones y los carros del campo, cargados con las frutas y verduras, y los animales faenados, para vender directamente al público, y para distribuir a todos los centros de venta de la ciudad de Buenos Aires.

Esa mole marrón que ocupaba dos manzanas y que con el paso de los años, convirtió al barrio en un sitio sucio, invadido por las ratas y lugar de cita de malandras, un buen día cerró sus puertas.

En 1985, comenzó a hablarse de un proyecto de centro cultural como el Pompidou francés. Un lugar ideal para cambiarle la cara al barrio, como en definita sucedió.

Pero el sueño en manos de una docena de arquitectos, más allá de los cines y salones de exposiciones, se centró en los locales comerciales, donde hasta el sótano fue aprovechado con más comercios y el estacionamiento subterráneo.

Yo trabajaba en esa época en la revista "Siete Días", donde surgió la posibilidad de unir el escenario de un edificio vacío, pero limpio y listo para comenzar a edificar, para hacer una entrevista delirante con el entonces exitoso grupo de rock "Los Abuelos de la Nada".

Ana Albarellos, jefa de prensa de la agencia que representaba a los músicos, se encargó de llevar los disfraces de mago para Miguel Abuelo, voz y percusión; Cachorro López, bajo y voz; Andrés Calamaro, teclados y voz; Polo Corbella, batería y voz; y Juan del Barrio, teclados. Y una carretilla cargada de lechugas, repollos y acelgas, mezclados con libros e instrumentos musicales, como una manera simbólica de unir la Cultura con la historia del viejo Mercado de Abasto.

Con buena onda, los artistas se prestaron al juego de imaginarse magos para las fotos de un fotógrafo de lujo como Eduardo Marti, amigo de Luís Alberto Spinetta y el padre del músico Emmanuel Horvilleur.

Miguel, Andrés, Cachorro, Polo y Juan disfrutaron como chicos del enorme espacio, al que elogiaron por su belleza arquitectónica y que un jovencito y no menos talentoso Andrés Calamaro señaló: "se parece al decorado de la película Blade Runner". Y hasta trajeron a colación la figura de Carlos Gardel, un ídolo para todos.

Miguel Abuelo, un encanto de persona, lo describía así: "Era un atorrante...en el buen sentido de la palabra".

Andrés Calamaro se extendía aún más: "Fue el que llevó la música argentina a lo más alto que se haya podido llegar. Morocho, ganador, un zorzal con voz de ruiseñor y no nos olvidemos que además de ser una figura mitológica, fue el músico y poeta que hizo las canciones más inolvidables de nuestra música".

Y Polo Corbella cerraba el concepto: "Y a su manera fue medio rockero, porque desde abajo llevó la música popular a los lugares más inalcanzables como Nueva York y París..."

Disfruté mucho de esa nota. No sólo por tener delante mío a figuras tan relevantes de la música, sino sobre todo porque iba ser la única vez que vería vacío y antes de convertirse en Shopping al ex Mercado de Abasto. Y eso de alguna manera, es ser una testigo privilegiada de la historia.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

AQUELLA CENA BLANCA







Cualquiera podría pensar que me casé con el chico de las fotos. No es así. Ese acontecimiento que nos tuvo como otros tantos protagonistas, allá por 1977, fue la recordada Cena Blanca, que en Jujuy le llaman a la fiesta con la que se festeja el final del Secundario.

Elio fue una persona muy importante en mi vida. Pero una vez cicatrizadas las heridas del pasado, me permito traer a colación ese momento sublime, sin quitarle el grado de ternura que tuvo desde su concepción hasta su concreción.

Desde que nos conocimos con Elio, él con 16 años y yo con 14, comenzamos a soñar con ir juntos a la fiesta. Él asistía a una Escuela Técnica con siete años de carrera y yo a un colegio religioso con cinco de estudio. Por eso íbamos a terminar en el mismo año, si ninguno se quedaba en el camino. Y ninguno de los dos se quedó.

Sin embargo, llegó un momento en que empecé a dudar si podríamos hacer realidad nuestro sueño de la Cena Blanca. Sobre todo el último año, en que la mayor parte estuvimos peleados.

A decir verdad, "peleados" no sería el término correcto. En realidad, era él quien de buenas a primeras desaparecía y no faltaba quien me contara que estaba saliendo con una o varias chicas. A mí no me preocupaba cuando eran "varias", porque significaba que no era un vínculo serio. Sí cuando se trataba de una chica en particular. Por eso sentí una suerte de puñalada en el corazón cuando me enteré que estaba de novio. Y para peor, en plena Fiesta Nacional de los Estudiantes, en el mes de septiembre, yo misma lo ví en un baile a los besos con su enamorada.

Además de considerar perdida toda posibilidad de reconciliación, el sueño de la Cena Blanca juntos comenzó a hacerse añicos.

Yo iba al Colegio Nuestra Señora del Huerto, que en esos tiempos era exclusivo de mujeres. También en Jujuy había otros colegios que estaban en la misma situación, como el Instituto Santa Bárbara, también de chicas, y el Colegio del Salvador, exclusivo para chicos.

En los meses de octubre y noviembre, los alumnos que cursaban el último año y que no tenían con quién ir a la Cena Blanca, iniciaban un raid por los colegios de mujeres en busca de una pareja para la fiesta. Recuerdo con una sonrisa a mis compañeras, cuando llegaban al colegio los chicos de las otras escuelas. Nosotras teníamos el aula en el segundo piso. Y de pronto, alguna que había estado en el patio, subía corriendo al grito de: "¡Hombres, vinieron los hombres...!" El resto que estaba en el aula, bajaba llevándose todo por delante como si nunca hubieran visto un tipo. Se entiende, se apuraban porque querían elegir a los más lindos. Y yo me quedaba en el aula, sin tener ni siquiera curiosidad por conocer a los candidatos, porque en el fondo tenía la vaga esperanza que Elio no se olvidara de nuestra vieja promesa.

Pasaban los días y se acercaba el final de clases, y yo sin pareja para la fiesta. Como otras chicas, ya había comenzado a hacerme la idea de ir sola. Porque con o sin acompañante, a la Cena Blanca no quería perdérmela. Era el premio a cinco años de estudio con mucho esfuerzo.

Hasta que una tarde, cuando faltaban muy pocos días para la fiesta, se produjo el milagro. Nosotros no teníamos teléfono, pero sí un tío que vivía a una cuadra de casa. Fue la tía Teresa quien vino a avisarme que había un llamado para mí.

Me llevé una enorme sorpresa cuando descubrí a Elio del otro lado de la línea. Hacía mucho tiempo que no hablábamos. Tampoco sabía si seguía de novio con la chica de "los besos" en el baile de Primavera. No se lo pregunté. Lo único que me importó en ese momento fue que llamaba para saber si ya tenía un compañero para la Cena Blanca. Le dije que no. Porque si él no iba a serlo, yo prefería ir sola. En verdad, nunca busqué a nadie que lo reemplazara.

Quedamos en vernos para coordinar la asistencia a la fiesta. El reencuentro, que al principio fue tenso, con el paso de los minutos, sirvió para darnos cuenta que había algo muy fuerte entre nosotros. Así que no sólo me aseguré la pareja para la fiesta, sino que al reconciliarnos, la celebración fue por partida doble.

La jornada de la Cena Blanca fue por demás movida. A la rectora de mi colegio, la hermana Gertrudis de Torres, una española de muy mal carácter, se le ocurrió organizar para la misma tarde el acto de colación de grados. Por ser la primera escolta, no podía faltar. Y era además la última vez que íbamos a estar juntas las chicas del 5° "C" del Colegio del Huerto.

Nosotros vivíamos bastante lejos de la ciudad, no por la distancia en sí, sino por la falta de movilidad. El servicio de colectivos era bastante reducido. De modo, que le debo a la generosidad de una compañera que vivía a media cuadra del colegio, haber hecho posible que yo pudiera estar en la colación de grados primero y después en la Cena Blanca. En su casa dejé mi vestido de fiesta, para ir a cambiarme, una vez que terminara el acto en el colegio.

Pese a que aparentaba ser un día de mucha felicidad, tuvo su carga de angustia, de dolor, de ira y de una enorme desilusión, porque mi papá se negó a ser parte de un acontecimiento en el colegio tan importante para mí. De nada sirvió que le suplicara que viniera con nosotros. Él tenía otros planes para ese día, fuera del entorno familiar, que prefiero reservarme, pero que la gente que conoce la historia, sabe a que me estoy refiriendo.

Haciendo dedo y otro tramo en colectivo, llegamos a la ciudad de Jujuy con mi mamá y mis dos hermanos, con el tiempo justo para dejar mi vestido en lo de mi compañera y luego ir al acto de fin de curso.

Tras los aplausos y las lágrimas de emoción por la despedida, llegó el momento de preparme para la Cena Blanca. Elio fue a buscarme para ir a la Catedral, donde se iba a celebrar una Misa, previa a la fiesta.

Ambos parecíamos "los muñequitos de la torta de bodas". Pero fuera de broma, estábamos muy elegantes. Esa noche, al chico más codiciado y de los ojos más lindos, lo tenía en exclusiva para mí.

Traté de dejar atrás el mal trago por el desplante de mi papá y me dispuse a disfrutar de un momento que iba a ser único e irrepetible.

En esos años, la Cena Blanca era multitudinaria porque participaban los estudiantes de la ciudad capital y las localidades vecinas. Por eso pude ir con Elio, pese a que mi colegio estaba en la capital y su escuela en Palpalá. Ahora, en cambio, cada ciudad tiene su propia fiesta.

Desconozco si actualmente se repite el mismo programa. Pero en esos tiempos, todas las parejas de egresados y los que iban solos, participábamos de una Misa de Acción de Gracias en la Catedral. Y después desfilábamos ante la vista de familiares, amigos y cientos de curiosos, por la calle Belgrano, unas seis cuadras, hasta la Sociedad Española, en el cruce con la calle Senador Pérez, donde se realizaba la tan esperada Cena Blanca.

Con Elio nos reimos mucho y disfrutamos cual estrellas de cine, durante la que a esa altura del día y con tantas actividades, ya era una cansadora caminata.

En la fiesta compartimos la mesa con algunas compañeras del colegio, sus acompañantes, y otras chicas que estaban solas. No sé qué comimos, pero sí me acuerdo que bailamos mucho y como me apretaban los zapatos al promediar la noche, los dejé debajo de la mesa y seguí bailando descalza.

La fiesta terminó con un desayuno y cuando los primeros rayos de sol, empezaban a colarse por los ventanales. Cuando llegué a casa, ya de día, lo único que quería era dormir. Y Elio en su casa, también. Pero a nuestras respectivas familias, que se habían puesto de acuerdo, cuando nosotros estábamos en la fiesta, se les ocurrió ir a pasar la jornada en Yala, una localidad veraniega distante unos 12 kilómetros al norte de la ciudad de Jujuy.

Así que pocas horas después que me había acostado, el primo de Elio nos pasó a buscar en su vehículo. Fui con mi mamá y mis hermanos.

Cuando nos encontramos con Elio, apenas nos saludamos, porque lo único que queríamos en ese momento era estar durmiendo cada uno en su casa. Después de comer, en lugar de disfrutar del sol y el agua como el resto de la familia, con Elio nos dormimos a la sombra de los árboles. Y así nos quedamos, hasta que nos despertaron para regresar.

Aunque cueste creerlo, ese fue el último día de nuestro noviazgo. No hubo pelea ni despedida. Nada. Él no volvió a llamarme y yo, que ya comenzaba a programar mi viaje a Buenos Aires para estudiar Periodismo, no esperé su llamado y tampoco tuve la iniciativa de comunicarme. Simplemente nos alejamos.

Tan raro todo. Como si la magia de una noche preciosa, la hubiéramos dejado reducida sólo a ese instante. Cada uno siguió por su lado, sin importarle qué le sucediera al otro.

A mí, al menos, me quedaron las fotos gastadas de aquella noche, tan linda e inolvidable. La noche del final como estudiante secundaria. La noche del final del amor de adolescente. Aquella noche de la Cena Blanca...

sábado, 3 de diciembre de 2011

AQUELLA CENA BLANCA

Cualquiera podría pensar que me casé con el chico de las fotos. No es así. Ese acontecimiento que nos tuvo como otros tantos protagonistas, allá por 1977, fue la recordada Cena Blanca, que en Jujuy le llaman a la fiesta con la que se festeja el final del Secundario. Elio fue una persona muy importante en mi vida. Pero una vez cicatrizadas las heridas del pasado, me permito traer a colación ese momento sublime, sin quitarle el grado de ternura que tuvo desde su concepción hasta su concreción. Desde que nos conocimos con Elio, él con 16 años y yo con 14, comenzamos a soñar con ir juntos a la fiesta. Él asistía a una Escuela Técnica con siete años de carrera y yo a un colegio religioso con cinco de estudio. Por eso íbamos a terminar en el mismo año, si ninguno se quedaba en el camino. Y ninguno de los dos se quedó. Sin embargo, llegó un momento en que empecé a dudar si podríamos hacer realidad nuestro sueño de la Cena Blanca. Sobre todo el último año, en que la mayor parte estuvimos peleados. A decir verdad, "peleados" no sería el término correcto. En realidad, era él quien de buenas a primeras desaparecía y no faltaba quien me contara que estaba saliendo con una o varias chicas. A mí no me preocupaba cuando eran "varias", porque significaba que no era un vínculo serio. Sí cuando se trataba de una chica en particular. Por eso sentí una suerte de puñalada en el corazón cuando me enteré que estaba de novio. Y para peor, en plena Fiesta Nacional de los Estudiantes, en el mes de septiembre, yo misma lo ví en un baile a los besos con su enamorada. Además de considerar perdida toda posibilidad de reconciliación, el sueño de la Cena Blanca juntos comenzó a hacerse añicos. Yo iba al Colegio Nuestra Señora del Huerto, que en esos tiempos era exclusivo de mujeres. También en Jujuy había otros colegios que estaban en la misma situación, como el Instituto Santa Bárbara, también de chicas, y el Colegio del Salvador, exclusivo para chicos. En los meses de octubre y noviembre, los alumnos que cursaban el último año y que no tenían con quien ir a la Cena Blanca, iniciaban un raid por los colegios de mujeres en busca de una pareja para la fiesta. Recuerdo con una sonrisa a mis compañeras, cuando llegaban al colegio los chicos de las otras escuelas. Nosotras teníamos el aula en el segundo piso. Y de pronto, alguna que había estado en el patio, subía corriendo al grito de: "¡Hombres, vinieron los hombres...!" El resto que estaba en el aula, bajaba llevándose todo por delante como si nunca hubieran visto un tipo. Se entiende, se apuraban porque querían elegir a los más lindos. Y yo me quedaba en el aula, sin tener ni siquiera curiosidad por conocer a los candidatos, porque en el fondo tenía la vaga esperanza que Elio no se olvidara de nuestra vieja promesa. Pasaban los días y se acercaba el final de clases, y yo sin pareja para la fiesta. Como otras chicas, ya había comenzado a hacerme la idea de ir sola. Porque con o sin acompañante, a la Cena Blanca no quería perdérmela. Era el premio a cinco años de estudio con mucho esfuerzo. Hasta que una tarde, cuando faltaban muy pocos días para la fiesta, se produjo el milagro. Nosotros no teníamos teléfono, pero sí un tío que vivía a una cuadra de casa. Fue la tía Teresa quien vino a avisarme que había un llamado para mí. Me llevé una enorme sorpresa cuando descubrí a Elio del otro lado de la línea. Hacía mucho tiempo que no hablábamos. Tampoco sabía si seguía de novio con la chica de "los besos" en el baile de Primavera. No se lo pregunté. Lo único que me importó en ese momento fue que llamaba para saber si ya tenía un compañero para la Cena Blanca. Le dije que no. Porque si él no iba a serlo, yo prefería ir sola. En verdad, nunca busqué a nadie que lo reemplazara. Quedamos en vernos para coordinar la asistencia a la fiesta. El reencuentro, que al principio fue tenso, con el paso de los minutos, sirvió para darnos cuenta que había algo muy fuerte entre nosotros. Así que no sólo me aseguré la pareja para la fiesta, sino que al reconciliarnos, la celebración fue por partida doble. La jornada de la Cena Blanca fue por demás movida. A la rectora de mi colegio, la hermana Gertrudis de Torres, una española de muy mal carácter, se le ocurrió organizar para la misma tarde el acto de colación de grados. Por ser la primera escolta, no podía faltar. Y era además la última vez que íbamos a estar juntas las chicas del 5° "C" del Colegio del Huerto. Nosotros vivíamos bastante lejos de la ciudad, no por la distancia en sí, sino por la falta de movilidad. El servicio de colectivos era bastante reducido. De modo, que le debo a la generosidad de una compañera que vivía a media cuadra del colegio, haber hecho posible que yo pudiera estar en la colación de grados primero y después en la Cena Blanca. En su casa dejé mi vestido de fiesta, para ir a cambiarme, una vez que terminara el acto en el colegio. Pese a que aparentaba ser un día de mucha felicidad, tuvo su carga de angustia, de dolor, de ira y de una enorme desilusión, porque mi papá se negó a ser parte de un acontecimiento en el colegio tan importante para mí. De nada sirvió que le suplicara que viniera con nosotros. Él tenía otros planes para ese día, fuera del entorno familiar, que prefiero reservarme, pero que la gente que conoce la historia, sabe a que me estoy refiriendo. Haciendo dedo y otro tramo en colectivo, llegamos a la ciudad de Jujuy con mi mamá y mis dos hermanos, con el tiempo justo para dejar mi vestido en lo de mi compañera y luego ir al acto de fin de curso. Tras los aplausos y las lágrimas de emoción por la despedida, llegó el momento de preparme para la Cena Blanca. Elio fue a buscarme para ir a la Catedral, donde se iba a celebrar una Misa, previa a la fiesta. Ambos parecíamos "los muñequitos de la torta de bodas". Pero fuera de broma, estábamos muy elegantes. Esa noche, al chico más codiciado y de los ojos más lindos, lo tenía en exclusiva para mí. Traté de dejar atrás el mal trago por el desplante de mi papá y me dispuse a disfrutar de un momento que iba a ser único e irrepetible. En esos años, la Cena Blanca era multitudinaria porque participaban los estudiantes de la ciudad capital y las localidades vecinas. Por eso pude ir con Elio, pese a que mi colegio estaba en la capital y su escuela en Palpalá. Ahora, en cambio, cada ciudad tiene su propia fiesta. Desconozco si actualmente se repite el mismo programa. Pero en esos tiempos, todas las parejas de egresados y los que iban solos, participábamos de una Misa de Acción de Gracias en la Catedral. Y después desfilábamos ante la vista de familiares, amigos y cientos de curiosos, por la calle Belgrano, unas seis cuadras, hasta la Sociedad Española, en el cruce con la calle Senador Pérez, donde se realizaba la tan esperada Cena Blanca. Con Elio nos reimos mucho durante la que a esa altura del día y con tantas actividades, ya era una cansadora caminata. En la fiesta compartimos la mesa con algunas compañeras del colegio, sus acompañantes, y otras chicas que estaban solas. No sé qué comimos, pero sí me acuerdo que bailamos mucho y como me apretaban los zapatos al promediar la noche, los dejé debajo de la mesa y seguí bailando descalza. La fiesta terminó con un desayuno y cuando los primeros rayos de sol, empezaban a colarse por los ventanales. Cuando llegué a casa, ya de día, lo único que quería era dormir. Y Elio en su casa, también. Pero a nuestras respectivas familias, que se habían puesto de acuerdo, cuando nosotros estábamos en la fiesta, se les ocurrió ir a pasar la jornada en Yala, una localidad veraniega distante unos 12 kilómetros al norte de la ciudad de Jujuy. Así que pocas horas después que me había acostado, el primo de Elio nos pasó a buscar en su vehículo. Fui con mi mamá y mis hermanos. Cuando nos encontramos con Elio, apenas nos saludamos, porque lo único que queríamos en ese momento era estar durmiendo cada uno en su casa. Después de comer, en lugar de disfrutar del sol y el agua como el resto de la familia, con Elio nos dormimos a la sombra de los árboles. Y así nos quedamos, hasta que nos despertaron para regresar. Aunque cueste creerlo, ese fue el último día de nuestro noviazgo. No hubo pelea ni despedida. Nada. Él no volvió a llamarme y yo, que ya comenzaba a programar mi viaje a Buenos Aires para estudiar Periodismo, no esperé su llamado y tampoco tuve la iniciativa de comunicarme. Simplemente nos alejamos. Tan raro todo. Como si la magia de una noche preciosa, la hubiéramos dejado reducida sólo a ese instante. Cada uno siguió por su lado, sin importarle qué le sucediera al otro. A mí, al menos, me quedaron las fotos gastadas de aquella noche, tan linda e inolvidable. La noche del final como estudiante secundaria. La noche del final del amor de adolescente. Aquella noche de la Cena Blanca...

lunes, 21 de noviembre de 2011

SILVIO RODRÍGUEZ EN FERRO 2011









Desde que Silvio Rodríguez vino a la Argentina en 1.984, en esa oportunidad con Pablo Milanés para actuar en el Estadio de Obras, nunca dejé de asistir a sus conciertos.
Salvo en 1.985, que pude verlo en varios oportunidades en el Luna Park, en su mayoría al costado del escenario, donde le tomé infinidad de fotografías, en los años siguientes lo hice pagando religiosamente la entrada como una fanática más.
Desde esa postura de admiradora anónima de su talento, compré en septiembre pasado el boleto para estar en el sector VIP del Estadio de Ferro, el viernes 18 de noviembre.
La posición, fila 20, asiento 50, no era demasiado cercana al escenario, pero para filmar buena parte del recital, me favoreció la pantalla gigante que tenía justo frente a mí.
A diferencia de otros escritos, donde le doy prioridad al relato, antes que las imágenes, en esta ocasión decidí crear un producto musical, con palabras de Silvio y la ovación del público. La idea fue reflejar lo más fielmente posible lo increíble del espectáculo, que con 12 bises se extendió más allá de tres horas.
Este artista siempre se rodeó de excelentes músicos, que en la mayoría de las veces quedan en el olvido, cuando dejan de trabajar con él. Sólo el trovador cubano sabe cómo hacerlos funcional para realzar sus canciones.
Eso fue lo que sucedió con los integrantes del Grupo La Surca, quienes actuaron por primera vez en la Argentina y mostraron un virtuosismo digno de admiración.
Rachid López Gómez en guitarra, Maykel Elizarde Ruano en tres, César Bacaro Laine en bajo, con el agregado del percusionista Oliver Valdés Rey, se encargaron de abrir con un show acústico, donde el jazz se mezcló con el ritmo cubano, y el resultado se hizo merecedor del aplauso generoso del público.
Pero ya era suficente para conocerlos. Hasta ahí. Aprobados todos. Porque en el estadio queríamos verlo a él, al interminable caminador de escenarios, quien finalmente hizo su entrada triunfal, con una simple remera negra y su incipiente calvicie que ya no oculta con gorras que evocan a la Revolución Cubana.
Acompañado por su mujer y madre de su última hija, la flautista y clarinetista Niurka González Núñez, Silvio se ubicó en el centro de la escena para empezar a desandar un camino, donde los viejos temas se mezclaron con los de su último disco "Segunda cita" y otros que estarán incluidos en su próximo trabajo discográfico. Y estos sumados a los conocidos, los que cantamos todos, los que no nos cansamos de escucharlos y nos siguen emocionando, que aparecieron mezclados y fueron en esencia con los que cerró el concierto.
Cada una de las imágenes que siguen a continuación, son el resumen que armé para mi deleite y que seguramente varios de los que también lo admiran, van a saber apreciar.
Silvio abrió su actuación con el tema "En el claro de la luna". Después vinieron los saludos al público de Buenos Aires.
Sus antiguos admiradores pudimos disfrutar del viejo tema "De la ausencia y de tí", que el gran trovador le dedicó a Teté Vergara. Esta actriz fue un gran amor de Silvio. Pero la muerte de ella los separó. Se entiende entonces por qué es tan bella la canción.
La continuidad fue con la presentación de tres temas que estarán en su próximo disco.
El público, y me incluyo, aprobó lo que se podrá escuchar seguramente el año que viene. Pero queríamos más de lo viejo. Ahí se apareció con "El reparador de sueños",incluído en el disco "Tríptico 2", que de los tres discos conceptuales es el que más me gusta.
Para usar las palmas y acordarnos, por qué no un poquito de Mercedes Sosa que lo hizo tan famoso como el propio Rodríguez, el cubano interpretó "La maza".
Aunque su temática actual está más relacionada con el amor, con la naturaleza, con la belleza, Silvio no se olvida de los problemas que "le duelen a Cuba". Le dedicó un tema a los cinco cubanos que están presos hace varios años en Estados Unidos. Y junto a Víctor Heredia, le rindió un homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Interpretaron el mítico "Todavía cantamos" y el estadio se vino abajo.
"Ojalá" era el tema que la gente venía pidiéndole casi desde el principio. Sin embargo, esperó hasta el primer bis para cantarlo.
Desde ese momento comenzó una serie interminable de salidas a pedido del público, porque de verdad, queríamos hacer realidad el pedido: "...y Silvio no se va, Silvio no se va..."
El sector VIP se convirtió en un hervidero de gente, porque los que estaban atrás empezaron a acercarse al escenario, y todo se volvió en un "sálvase quien pueda". Para poder seguir filmando, sin tener una cabeza que me ataje, tuve que subirme a mi silla. Y así varios hicieron lo mismo, mientras los de atrás gritaban inútilmente "abajo, abajo".
Entre los bises, Silvio nos deleitó con otro de los temas del "Tríptico 2", "Ángel para un final". Y nuevamente la ovación, los gritos y los pedidos de más y más temas conocidos.
Cuando ya iba por la décimo primera salida, encendieron las luces del estadio y poco a poco fui buscando la salida. Pensé que "Con sueño con serpientes" se terminaba el concierto. Por eso, con la música de fondo, decidí hacer un rápido paneo de todo el estadio. También incluí la imagen de los edificios vecinos, desde donde sus habitantes sólo pudieron disfrutar de la música, porque tenían al escenario de espaldas.
Me retiré creyendo que todo había terminado. Sin embargo, cuando estaba a una cuadra del estadio, escuché la ovación. Silvio había vuelto a cantar el último tema, el que le había pedido la mayoría, "Te doy una canción". Pero ya no quise volver y me fui caminando por las calles de Caballito, escuchando y cantando entre dientes...
"Como gasto papeles recordándote
como me haces hablar en el silencio
como no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo
y como pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mi, detenida..."
Silvio había vuelto a deleitarnos con un concierto maravilloso.

jueves, 17 de noviembre de 2011

BAUTISMO EN LA QUINTA DE OLIVOS







Por mi condición de periodista, a la Quinta de Olivos había ido varias veces. Y si me remonto más al pasado, la conocí en la década del 70', cuando fui con mi familia a visitar el mausoleo donde estaban los restos de Evita y Juan Domingo Perón. Pero para una celebración, en condición de invitada, ésta a la que voy a referirme, fue la primera y hasta ahora única vez.
En 1.992 tuve la fortuna de ser incluida en la lista de invitados de mi amiga Rebeca Peiró, para la ceremonia y posterior fiesta de Bautismo de su hija en la Quinta Presidencial de Olivos. El padrino de la beba y anfitrión de la reunión fue nada menos que Carlos Saúl Menem.
Sé que la mención del actual senador por La Rioja, me va a ocasionar algunas críticas, por lo devaluada que está hoy su figura. Pero quisiera que cada uno de los que estén dispuestos a tirar la primera piedra, se detengan a pensar si no les gustaría ser invitado a un acto, fiesta o lo que fuera, en la Quinta Presidencial, y tener la posibilidad de dialogar con la persona que dirige el destino del país, aunque no se coincida políticamente con ella.
Si me dicen que "no", les va a salir una nariz larga como la de Pinocho...
Además, estoy hablando del año 1.992, cuando Menem estaba en la cúspide de su carrera política. Por la paridad del dólar 1 a 1, que permitía a los argentinos viajar al exterior y traer de todo por partida doble, a Carlitos esa gente que tuvo la posibilidad de disfrutar de esos paseos de placer y de compras, lo reverenciaba. Lejos del caudillo riojano, de patillas tupidas y figura diminuta, el entonces presidente era visto como "Rubio, alto y de ojos celestes". Aunque no está en mí meterme en el tema político, sé que por tratarse de un hombre muy fuerte en aquel momento, no podré excluir algunos comentarios ajenos a la esencia de mi escrito, que es el Bautismo en la Capilla de la Quinta Presidencial.
Varios de los invitados a ese Bautismo, hoy continúan con su vida, apoyando tal vez a otros políticos o recordando a Menem con cariño. Yo soy apolítica y cada vez que voto, lo hago por la persona que me parece que puede hacer algo por el país, aunque después me equivoque. Es mi postura y me hago cargo.
Pero nadie puede negar ahora que esa vez fue muy importante estar cerca del primer mandatario y los asistentes nos sentimos honrados de estar allí, y salir sonrientes en las fotos.
Al respecto, todas las fotografías que preceden al escrito fueron tomadas por mí y por algún fotógrafo amigo, que con mi cámara, me registró al lado del Presidente.
Como ya pasó tanto tiempo y estoy lejos de los que se puedan enojar, voy a contar entretelones de aquella jornada. Pero antes voy a relatar cómo comenzó la amistad de Rebeca con Menem y de cómo se gestó el padrinazgo de la hija de la hoy editora de la Revista "Caras".
En los últimos meses de 1.988, ya se veía que el verano iba a venir muy cargado con relación a las campañas políticas. 1.989 era un año de elecciones, se iba a elegir a un nuevo presidente y Carlos Menem venía pisando fuerte para triunfar como candidato del Partido Justicialista.
Faltaban pocos días para Navidad. Yo ya había acordado con los directivos de la revista "La Revista" viajar a Jujuy para pasar esa Fiesta con mi familia y estar de regreso antes de Año Nuevo para ir a Mar del Plata a cubrir la Temporada de Verano.
Pero en ese interín, surgió la posibilidad de una entrevista con Carlos Menem en La Rioja. La idea de la nota acordada entre la revista y el entonces candidato a Presidente, era mostrarlo en familia con su hoy ex esposa Zulema Yoma y sus hijos Zulemita y Carlitos, en la celebración de Nochebuena.
Rubén Tizziani y Rolo Andrés, los directores de "La Revista", me preguntaron si podía suspender mi viaje a Jujuy, para viajar yo a La Rioja. Pero como la Navidad para mí es sagrada, y hasta que Dios diga "basta", la quiero compartir con al menos mi mamá, les agradecí que hayan pensado en mí, pero tuve que responderles que no podía. Que ya tenía el pasaje y que mi familia me estaba esperando. Pero eso sí, como habíamos combinado en principio, estaría el 31 de diciembre en Mar del Plata.
No sé si de haber ido, esa nota hubiera cambiado mi vida como se la cambió a Rebeca, a quien decidieron enviar en mi lugar. Pero son las elecciones que hay que hacer en diferentes etapas de nuestra existencia, que a veces salen bien y otras mal.
Por tratarse de una fecha tan especial, mi amiga puso una condición: llevar a su hijo, quien tendría unos 6 años. Y se la aceptaron. El nene también le cayó muy bien a los Menem, y a Rebeca eso le sumó para ganarse la confianza de la familia. Tanto Zulema como Carlos la trataron como a una hija. Rebeca no sólo consiguió una excelente entrevista, sino que fue el comienzo de una amistad, que se volvió valiosísima cuando Menem se convirtió en Presidente de los argentinos.
A Menem yo lo encontré ese verano en Mar del Plata. Él tenía su habitación con Zulema, en el Hotel Hermitage, a pocos pasos de la mía, y nos cruzábamos a cada rato. Es más, creo haberles comentado que la nota en La Rioja, podría haberla hecho yo. Pero no pasó de un comentario. Ellos ya habían elegido a Rebeca. Mi amiga fue desde esa Navidad, la encargada de cubrir todo lo relacionado con los Menem.
Cuando Rebeca quedó embarazada por segunda vez, fue el propio ex Presidente quien se ofreció a ser el padrino, cualquiera fuera el sexo de la criatura. Y fue una nena.
Recuerdo que Rebeca me decía que "desconfiaba que Menem se tomara el tiempo, con tantas obligaciones que tenía, para ser el padrino de mi nena".
Cuando la beba nació, volvió a decirle que "no se la de a nadie como padrino, porque él lo iba a ser". Y la ceremonia tenía que hacerse en la Capilla de la Quinta de Olivos, quedando a su cargo también la fiesta posterior en el quincho del lugar.
Si bien la celebración sufrió varias postergaciones, finalmente se concretó un sábado a las 11 de la mañana.
En esa época, yo hacía tres años que trabajaba en la producción de "Nuevediario".
Cuando Rebeca me llamó para invitarme, me dijo que debía pasarle mis datos personales para el ingreso a la Quinta de Olivos. Lo mismo si llevaba a algún acompañante.
En realidad, yo no tenía con quién ir, pero se me ocurrió que podría ser una buena nota para el noticiero mostrar un lado diferente del Presidente. Es decir, pensé en llevar a uno de los camarógrafos de "Nuevediario" como mi acompañante.
Le comenté el tema a Horacio Larrosa. Pero tal vez no supe explicarme bien, o a Larrosa por ahí no le resultó creíble que yo fuera invitada a un Bautismo en Olivos. No lo sé. Cuando se vencía la fecha para entregar mis datos y el de mi acompañante, volví a mencionárselo, sin embargo no tuve respuesta. Y fui sola.
En el lugar, había varios periodistas invitados, como Hugo Ferrer, Juana Patiño, Luís Pedro Toni, Norberto Dupeso y otros que no conocía, o no recuerdo, que aprovecharon el momento para entrevistar a Menem. Y yo miraba pensando que "Nuevediario" podría haber tenido también esa nota y la de "color" de la fiesta. Lejos entonces de toda obligación, me dediqué a pasarla bien.
Saqué varias fotos para mi colección personal, comí rico y hasta me dí el lujo de bailar un tema con el mismisimo Presidente. En realidad, esto no fue ninguna novedad. Porque la mayoría de las mujeres que estaban en la fiesta, también bailaron con él.
Recuerdo como casi cotizó en bolsa ser parte de ese Bautismo. Varias famosas, artistas, empresarias, millonarias, llegaron a enviarle costosos regalos a la nena de Rebeca para que ésta las invite. Una de ellas fue Liz Fassi Lavalle y también la hija de Amalita Fortabat. Hubo embajadores como los de Suecia, que al parecer no tenían un contacto muy fluido con el Presidente, y en esta celebración, querían estar todo el tiempo con él, y él no sabía cómo sacárselos de encima.
Pese a los "plomos" y "chupamedias", que abundaron, el mandatario argentino pasó al parecer una jornada muy linda. Con Rebeca había acordado que después de la ceremonia religiosa, él iba a estar sólo un rato en la fiesta, porque debía viajar al interior. Pero no sé si fue que le gustaba mucho la madrina de la beba, hermana de Rebeca, o se encontró con gente que lo hizo sentir cómodo, pero el Presidente suspendió todo y se quedó hasta el final de la fiesta.
Lo de la hermana de Rebeca fue muy gracioso. Desde el primer momento, Menem le puso los ojos encima, sin importarle que era casada. Y hasta se lo comentó a Rebeca.
Mi amiga, ni lerda ni perezosa, se lo contó no sólo a su hermana, sino al marido de ésta. Y el marido, un tipo muy divertido, decía: "yo se la entrego, con tal de tener algo a cambio, un cargo, lo que sea...", mientras su mujer no quería saber nada de "irse con el Presidente".
La jornada terminó con una terrible tormenta. Los que fueron en auto, se portaron bastante bien, porque se encargaron de "llevar hasta cierto punto", a los que habíamos quedado de a pie. Norberto Dupeso, quien fue mi compañero en "La Revista", me cargó en su vehículo junto a otras invitadas.
Y así, un tanto mojada, pero muy reconfortada por lo sucedido, culminó mi día de Bautismo en la Quinta Presidencial de Olivos
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sábado, 5 de noviembre de 2011

FITO, JUAN, ROSARIO Y EL HALLAZGO DE UNA AMIGA






Ser testigos de la historia es algo que no tiene precio, a la hora de hacer un balance. Con algunos acontecimientos, sobre todo musicales, me sucedió. Y no puedo menos que agradecer por eso.
En el otoño de 1985 tuve la fortuna de cubrir para la revista "Siete Días" el regreso triunfal de Juan Carlos Baglietto y Fito Páez a su ciudad natal, en un recital apoteótico en el Estadio de Rosario Central.
Ambos volvían como hijos pródigos del terruño, luego de sus respectivos éxitos, porque ya no estaban juntos. Fito se había alejado de la banda de Juan en 1983 para unirse al grupo de Charly García. Y cada uno había conseguido consagrarse por separado. Pero habían vuelto a juntarse para este retorno.
De ese viaje a Rosario tengo muchas aristas para destacar.
"Siete Días" fue el único medio de Buenos Aires invitado para contar la fiesta de música y emoción.
Como compañero para esta nota conté con José María Arteaga, "El Negro", un lujo como fotógrafo y excelente persona.
Viajamos con los músicos en el mismo micro, muy bien atendidos por la gente de la productora de Daniel Grinbank, en este caso representada por Liliana Amuchástegui, encargada de Prensa de la empresa.
No nos conocíamos con Liliana, pero en el trayecto hasta Rosario nos sentamos juntas, charlamos sin parar y ese fue el nacimiento de una amistad que perdura hasta hoy, pese a que hace mucho tiempo que no nos vemos. Desde esa vez, compartimos comidas, Cumpleaños (la foto que publico en este blog es de uno de mis Cumpleaños), salidas, recitales, risas, lágrimas y secretos.
Ella ahora está casada, es madre de dos hijos y vive actualmente en Estados Unidos. Lo bueno es que seguimos conectadas por Facebook. Es poco. Peor es nada.
Liliana fue una amiga amorosa que me gané en esta gira de la "Trova Rosarina".
Conocer Rosario fue para mí otra bendición. Mi mamá adoraba a esa ciudad, en la que estuvo cuando era una adolescente. Y fue un placer recorrerla, aunque esto fue un poco a las apuradas, porque dependíamos de la actividad de los artistas.
El día previo al gran concierto, llegamos de madrugada y nos fuimos a dormir de inmediato al hotel, porque desde la mañana se venía una jornada muy movida: Juan y Fito debían realizar un raid por radios y los Canales 3 y 5, que en ese momento eran los únicos en Rosario, para promocionar el espectáculo. Y como nosotros estábamos con ellos, debíamos adaptarnos a su ritmo. Además, en algún momento, yo también tenía que entrevistarlos, así que me convenía tenerlos cerca.
Ni Baglietto ni Páez nos registraban demasiado. Estaban en la suya. Con los nervios lógicos por lo que debían enfrentar desde el escenario. Y además muy ocupados con sus chicas. Habían llevado a sus respectivas novias. Juan a Jorgela y Fito a Fabiana Cantilo. Sin embargo, debo reconocer que a la hora de la entrevista, se prestaron con la mejor de las ondas.
Fito nos invitó a su casa, donde conocí a su papá. También conocí a su abuela Belia y a su tía, de quien no recuerdo su nombre, dos mujeres que varios años después fueron noticia cuando aparecieron asesinadas en esa misma casa. Un hecho tremendo para Fito, que para esa época ya había perdido a su padre.
Don Rodolfo, con una enorme amabilidad, me abrió su corazón y me contó algunos detalles de la vida de su hijo, que marcaron su personalidad y lo convirtieron asimismo en un músico extraordinario.
Lo que voy a reproducir a continuación es un fragmento de la nota que escribí, del diálogo que tuve con don Rodolfo. Porque a pedido de mis jefes, en lugar de referirse al concierto de ambos músicos, tuve que centrarla en un reportaje a Fito con menciones a Baglietto y en menor medida al impresionante recital.
"Mi hijo -dice don Rodolfo Páez, ex funcionario municipal- tuvo la mala suerte de perder a su madre cuando tenía solo ocho meses de vida y eso, sin duda, le creó problemas familiares. Somos tres: mi madre (Belia), Fito y yo. Hasta que gracias a mi carrera dentro de la Municipalidad, pude lograr una posición que me permitió abrirle las puertas de la cultura a mi hijo. Empezó a estudiar música, como siguiendo el camino de mi esposa que fue concertista de piano, y cuando no pudo ingresar a Ciencias Agrarias porque no había cupo, me dijo que había optado por la música".
"Al principio no me gustó su tendencia por el rock, porque estando en contraposición a ese estilo de vida, no tenía muy buenas referencias por aquello de la droga y otras cosas. Pero ahora que ha triunfado, lo veo con tranquilidad y no dejo de aconsejarle que siga siendo humilde y nunca abandone su preparación musical. Además, descubrí que cambió mucho. Ahora es más abierto, más afectivo, tanto es así que cuando puede se toma un avión para venir a vernos..."
Mientras dialogaba con don Rofolfo, fui testigo de la conflictiva relación que tenía por ese entonces Fito con Fabiana Cantilo. Ambos con mucho carácter, explotaban a cada rato. Escuché gritos y algunos portazos. Al parecer se querían, pero no se soportaban, y el final de la relación a la larga se produjo. Ahora son grandes amigos.
En el hotel donde nos alojábamos con los artistas, conocimos a don Tito, el papá de Juan, un tipo simpático que me cayó muy bien. Quería llevarnos al fotógrafo y a mí a comer a su casa en el barrio de Arroyito, muy cerca del Estadio de Central. Pero tuvimos que desistir porque no nos dieron los tiempos.
La noche del concierto fue otro momento supremo para destacar.
Llegamos en el mismo micro que los músicos y nos entregaron unas credenciales que nos permitían movernos por donde quisiéramos, incluso en la zona de camarines. Éramos parte del grupo. Unos privilegiados.
Juan Carlos Baglietto y Fito Páez venían de llenar estadios y teatros en Buenos Aires, de vender discos, de lograr un nombre. Pero enfrentar al público de casa, a los amigos, a los conocidos, a los que los vieron tocar los primeros instrumentos, cantar, crecer, soñar con el triunfo, era también tan difícil como llenar un Obras Sanitarias.
Sin embargo, 10 mil almas estuvieron allí, pegadas al alambrado y en el campo de juego, dispuestas a rodearlos de cariño y sobre todo felicitarlos por dejar tan bien parada a la ciudad. Y los chicos sintieron el impacto. No tuvieron vergüenza al dejar que sus lágrimas les bajaran por las mejillas. Es que valía la pena tanta comunión de amor y reconocimiento.
Fue emotivo e irrepetible, y como lo dije al principio de mi escrito, agradezco haber estado allí para disfrutarlo, recordarlo y hoy contarlo como si hubiera sido en las últimas horas.

sábado, 29 de octubre de 2011

LUÍS ALBERTO SPINETTA LE PUSO "PILAS" A LA NOTA




Cuando trabajaba en la revista "Casos" de la Editorial Perfil, allá por los años 83' y 84', llegué a tener una columna sobre Rock que se llamaba "Rockasos".
No era originalmente mía, sino de un chico que renunció a la revista y como en los últimos tiempos, antes de que se fuera, la hacíamos juntos, por lógica, la heredé.
Al principio sólo se daban noticias de músicos, comentarios de discos, de recitales, y no más de eso. Pero yo le dí un vuelo diferente. No sólo amplié el panorama musical al blues, la balada, el candombe, el folklore, sino que comencé a incluir mini-reportajes a los músicos.
Eso fue lo que más me gustó. Porque pude conocer a varios artistas que admiraba por su música y que de otro modo no hubiera tenido la posibilidad de llegar a ellos.
Uno de esos músicos era Luís Alberto Spinetta, un señor del rock y por quien tenía una tremenda admiración.
Así como Charly García me daba la imagen del "loco", del "músico loco", más terrenal, más cercano a sus seguidores, el "Flaco" Spinetta representaba para mí "un prócer", distante, inalcanzable.
Por eso, conseguir una entrevista con él para mi humilde columna, se convirtió en todo un acontecimiento. Tampoco era un tipo de dar muchas notas, aún hoy es así. Entonces, era una gran oportunidad para aprovechar el tiempo que me iba a brindar.
Además, no era nada fácil enfrentar a un ídolo. Y él lo era para mí entre los músicos argentinos.
Recuerdo que pese a haber leído bastante sobre él para tener claro qué preguntarle y no quedar en ridiculo, me sentía muy nerviosa y temerosa de "meter la pata", cuando me dirigía a entrevistarlo en "Abraxas", la productora que lo representaba.
Tal vez por preocuparme demasiado por las preguntas que le iba a hacer, me olvidé de un detalle muy importante: las pilas del grabador. No reparé en que estaban gastadas y que les quedaba muy poco tiempo de uso. Casi nada.
Spinetta me recibió con mucho respeto y para no hacerlo perder tiempo, dejé de lado los comentarios triviales, normales en cada reportaje, y me dispuse a hacerle la entrevista.
Saqué el grabador y no había terminado de hacerle la primera pregunta, cuando el aparato se detuvo en seco. Yo me puse pálida. Me quería morir allí mismo.
Lo más razonable en estos casos, y más aún él que era una estrella, que me dijera: "muchas gracias y hasta luego". Pero Spinetta me sorprendió.
Tal vez lo conmoví al verme tan desvalida en ese instante. No lo sé. Con mucha paciencia me pidió que "me tranquilice, que lo sucedido no era nada del otro mundo y le podía pasar a cualquiera".
Pero no fue lo único que hizo por mí el señor Spinetta. Me anunció que iba a acompañarme a un kiosco a comprar pilas, y después volveríamos a la oficina a seguir con la entrevista. Y eso fue lo que pasó.
Bajamos a la calle, buscamos un kiosco cercano, yo compré las pilas, cargué el grabador y retornamos para proseguir con la nota.
Con mucha vergüenza le hice las preguntas y esto fue lo quedó de aquella experiencia teñida por el papelón:

"Con la serenidad que lo caracteriza, Luís Alberto Spinetta habló. Habló de sus 33 años de vida, de los 20 con la música, de su hogar apacible en una quinta de Castelar, de la libertad que no tuvo...de "la libertad que no tenemos desde hace 50 o 60 años", como dice. Habló también de su censura, de cómo fue reprimido en su adolescencia, por el sólo hecho de ser rockero. Expresó su bronca, pero también se mostró optimista. Con ustedes Luís Alberto Spinetta...
- Empecemos con "Bajo Belgrano", el elepé que estás grabando en este momento con Jade.
- Elegí el Bajo Belgrano porque es un lugar donde hay guardadas un montón de imágenes poéticas y sentimientos de libertad. El disco no cita lo geográfico, cita los sentimientos que allí fueron surgiendo.
- ¿Qué relación tiene con vos esa zona?
- Yo nací en Núñez, que está muy cerca del Bajo Belgrano y siempre lo recuerdo como una zona romántica.
- Hace algunos meses cambiaste el ruido de Buenos Aires por la tranquilidad de Castelar. ¿Qué fue lo que te impulsó a eso?.
- Yo antes vivía en Olivos donde no tenía tanto ruido. Pero más que nada quería un poco de verde.
- ¿Esa tranquilidad ayuda más a la inspiración de un músico, que estar rodeado de los problemas de la ciudad?.
- Pienso que no se puede estar ausente de los problemas y menos viviendo con una familia con hijos, donde hay siempre pequeñas cositas. Lo que creo es que aislándose y estando bien uno se consigue un grado de paz diferente. Los amaneceres o atardeceres te ayudan a reflexionar.
- Tengo entendido que tu hijo Dante sigue tus pasos en la música...
- Hice un tema que no está incluido en ningún disco, donde canta él. Pero mi intención es producirle un álbum donde pueda satisfacer todas sus inquietudes. Dante es muy rockero, le gustan los grupos de heavy metal. Ahora estoy esperando que aprenda a leer un poco mejor (tiene 6 años), para que yo le pueda escribir letras o lo haga él directamente.
- ¿Quiénes más integran tu familia?.
- Patricia, mi mujer, Catarina, de cuatro años y medio, y el más chiquito, Valentino, que va por los tres.
- ¿Cómo es la vida del Spinetta hogareño?.
- Muy normal, aburguesada, me levanto generalmente temprano, tipo 9, depende de cómo haya terminado la noche anterior, y como tengo los instrumentos y equipos en casa, allí me reuno a tocar con Jade. Fuera de eso, a veces veo televisión, escucho radio, pongo música, dibujo, la ayudo a mi mujer en algunos quehaceres, juego con los chicos. Es totalmente tranquila, sin delirios.
- Volvamos a la música...¿por qué le pusiste "Mondo di Cromo" a tu elepé solista?.
- Porque es una forma de decir "perro mundo" o "qué mundo pesado", nada más que dicho en italiano, suena mucho más "pasta molle". Lo hice pensando en la fuerza rítmica y con letras incisivas.
- Hay gente que dice que lo tuyo es más bien surrealista, que te alejás de la realidad y no ve denuncias en tus temas. ¿Qué les respondés?.
- Eso lo dicen los tipos que no han leído bien mis letras, porque desde hace bastante tiempo he venido denunciando cosas, sólo que de una manera sutil. "Las golondrinas de Plaza de Mayo" o "Jaguar herido", son temas de denuncia. Tampoco es mi intención denunciar, porque a mí me gusta la música que habla de algo sublime y a veces las vilezas pueden llegar a estropear una melodía. Pero hay un compromiso con la realidad, a través de un lenguaje depurado.
- Almendra abrió de alguna manera las puertas del rock allá por los 70'. ¿Qué diferencias encontrás con aquella apertura y ésta en materia musical?.
- Pienso que ahora las cosas están mucho más claras, medio como que el rock se incorporó a la gente, sobre todo a la gente más joven. En aquel momento estábamos tratando de hacer barullo para que nos dieran bola, en cambio ahora estamos en una posición de poder dar mejores cosas, que no sea solamente ruido para que nos escuchen. Creo que este es un momento de plenitud, que se va a afianzar más con el cambio político.
- ¿Alguna vez fuiste censurado?.
- Sí, un par de veces me censuraron presuponiendo deformaciones, es decir, como que lo que yo decía alteraba la moral y las buenas costumbres. Como ser un tema que se llama "Elementales leches", donde a algún degenerado censor se le ocurrió que traía algún tipo de acción colateral. Pienso que las restricciones que he tenido han sido sin importancia, porque justamente las cosas sutilmente puestas, no han podido ser descifradas por esos tipos.
- En este momento existe como una "fiebre" de los músicos argentinos por irse al exterior, caso Charly García. ¿Estás vos también con la misma intención?.
- Ahora no, pero yo hice un longplay en el año 79' en Estados Unidos, absolutamente todo en inglés. O sea que yo no estoy en contra de las aperturas hacia otros horizontes, porque por más que me vaya siempre voy a volver de alguna forma y es tal cual lo que va a hacer Charly. Para mí, el prototipo del argentino es el tipo innovativo, que no le gusta pasar vergüenza si sale de su país y no aquel que dice defender lo nuestro y no aporta nada nuevo, quedándose con las premisas del pasado.
- ¿Qué pensás de esa juventud que mira con tantas ganas la libertad, después de haberse criado bajo un proceso?.
- Los pibes que han vivido 6 años de represión ahora tienen 18 y entonces no han sido verdaderamente protagonistas de represiones, más que las represiones familiares. En cambio, si me hablás de 50 o 60 años de proceso regresivo, te puedo contar que cuando yo tenía 17 años me llevaban en cana porque se les ocurría. Es decir, que todos hemos vivido con las mismas ganas de libertad, porque han sido años y años de proscripciones, sin mencionar a la Guerra de las Malvinas, que afectó a la nación en su totalidad. En ninguna época en estos 50 o 60 años respiramos libertad. Me acuerdo que yo tenía 5 años cuando en el 55' bombardearon la Plaza de Mayo y estaba horrorizado al escuchar el ruido de los aviones. Por eso es hora de poner un límite definitivo a esa gente que quiere destruir este país. Son traidores a la vida, porque de esos tipos los ha habido en la Alemania nazi, en la Italia fascista, en la revolución rusa, en la revolución cubana, en la Asamblea del año 13'...siempre. Yo creo en el potencial espiritual del hombre que es lo único que verdaderamente derribará la maldad..."

Nunca más volví a entrevistar a Spinetta. Pero su actitud humilde, de un grande de verdad, no me la olvido más. Me quedó la imagen de un hombre recto, de muy bajo perfil, consciente de la realidad, pero sin ánimo de tirar petardos para hacer ruido.
Cuando hace cinco años, hizo su aparición como un simple padre, comprometido con la causa del Colegio Ecos porque uno de sus hijos estudiaba allí cuando se produjo el trágico accidente en Santa Fe, donde murieron varios alumnos y una docente, no me sorprendió. "El Flaco", doy fe, más allá de su talento como artista, es un ser humano excepcional.

viernes, 14 de octubre de 2011

EL AGASAJO A LOS AMIGOS DEL NOTICIERO











La elección del trailer de "La fiesta de Babette" es porque en cierto modo me inspiré en esa historia para agasajar a los compañeros del noticiero de Canal 9, con los que mejor me llevaba en ese momento. Estoy hablando de junio de 2004.
En la película, Babette era una cocinera brillante que trabajaba para dos hermanas ricas, venidas a menos. Un buen día la empleada ganó 10 mil francos en la Lotería y lejos de independizarse, para emprender una nueva vida, sin tener que volver a servir a nadie, decidió invertir todo el dinero en una comida exquisita, regada con los mejores vinos, en la que ella decidió quedarse afuera.
La invitación fue para las personas ricas y representativas del pueblo, y por supuesto las hermanas dueñas de casa. Y Babette sólo se ocupó de la cocina y de la presentación de la mesa.
En mi caso, no iba a asumir el rol de cocinera, porque soy muy básica en el arte culinario. Pero sí quise emular a Babette en lo de invitar a un buen restaurante a comer rico, a gente que me había ofrecido su amistad.
Aunque opté por una profesión donde lo que priman son las relaciones sociales, de lo contrario cómo una se entera lo que sucede, reconozco que cuando no trabajo me cuesta mucho el acercamiento a los demás. Soy bastante tímida y lamentablemente es algo que aún con los años, no pude cambiar demasiado.
A cada uno de mis invitados los escogí, porque ellos antes me habían aceptado como soy y me habían abierto su corazón.
En principio, debo agradecerle a María Contartese por haberme cedido las fotos de la reunión, ya que fue la única que ese día llevó una cámara fotográfica. Además, por su embarazo, se convirtió en la mimada de todos. Las fotos también lo confirman.
Me sentí muy feliz con la producción del encuentro.
Primero fui al restaurante "Plaza Mayor", que en ese momento me quedaba a dos cuadras de casa, a reservar la mesa para el 19 de junio.
Lo elegí porque me gustó desde la primera vez que un amigo me llevó allí a comer pescado. Después fui a una librería a comprar las tarjetitas de invitación, porque quería darle un toque formal a la convocatoria.
Había más personas que me hubiera gustado invitar, pero mi presupuesto no daba para más gente. Si hubiese invitado a comer choripanes en la costanera, seguramente lo habría hecho posible. Pero para hacer una cena de cierta categoría, que era lo que yo deseaba, me quedé con los que están en las fotos. Salvo Alejo Rivera, que por ser mi amigo, también estaba en mi lista. Sin embargo, se disculpó porque debía viajar a Olavarría a pasar el Día del Padre con su papá.
Me sentí muy honrada con todos los que fueron. Sobre todo porque era un sábado a la noche, cuando la gente quiere estar con sus seres queridos. Y más que nada porque al día siguiente era el Día del Padre.
También me sentí muy agradecida con el gesto que tuvieron en conjunto, ya que pese a no ser mi cumpleaños, me llevaron varios regalos. Realmente me emocionó. No era lo que yo pretendía. Al contrario, mi invitación fue sincera, desprendida, y sin esperar nada a cambio. Pero agradeceré por siempre los obsequios.
Ahora viene la explicación de por qué elegí a cada uno de los comensales.
Chiche Ferro fue siempre mi mejor amigo y al primero que coloqué en la lista. Él como yo veníamos del viejo "Nuevediario" y de ser sobrevivientes de los despidos que se produjeron en cada cambio de gestión en el noticiero. Le agradezco que para no fallarme, sacrificó la noche que le tocaba estar con su hija Alexia.
Su gran sentido del humor fue fundamental para hacernos pasar una noche muy divertida. Porque Chiche es sinómino de alegría, de optimismo e ingenio.
Con Daniel Navarro entramos casi juntos a "Nuevediario". Él lo hizo dos meses después que yo. Además de ser una excelente persona, razón más que suficiente para que ocupe una de las sillas de mi mesa, tiene la particularidad de haber hecho carrera en el noticiero. El silencioso ayudante de cámara, se puso a estudiar Locución, a prepararse para estar delante de una cámara. Y lo consiguió. Hoy conduce con mucha solvencia "Telenueve al Amanecer". Pero antes, hizo coberturas maravillosas, que fueron su trampolín para la conducción.
A Norberto Landerreche, "El Vasco", para todos, lo adopté como amigo desde el primer momento que llegó al noticiero. Nos unió tener amigos en común y de haber trabajado ambos en la revista "La Revista", aunque él llegó después que a mí me despidieron.
Alegre, jovial y buen compañero, era número puesto para estar en la cena. "El Vasco", al menos a mí, siempre nos hizo pasar muy buenos momentos mientras estuvo en el noticiero. Cuando era el productor ejecutivo de "Telenueve" de los sábados, a veces bailábamos o jugábamos al fútbol. Con un jefe común, eso sería imposible, pero él siempre fue más compañero nuestro que la autoridad del envío.
María Contartese llegó al noticiero cuando Daniel Hadad compró Canal 9, ya que ella había trabajado con él en uno de sus proyectos periodísticos.
Muy simpática, sociable y gran compañera, me cayó bien de entrada. María contaba de manera amena y entusiasta el proceso de su noviazgo, con un novio que trabajaba en Perú y ella lo extrañaba bastante. Hasta que se instaló en Buenos Aires, se casaron y esa panza hermosa que lucía la noche de la comida, era el fruto de ese amor.
Carla Gentile llegó al noticiero como secretaria de Ricardo Cámara, director del noticiero en la época que el canal, en manos de Teléfonica, adoptó el extraño nombre para un canal, de "Azul Televisión". Mi cercanía con la oficina donde estaba Carla y más tarde con su escritorio, cuando nos cambiaron de lugar, me permitieron un mayor contacto con ella. Nunca nos faltaban temas para conversar y con el loquero que era el noticiero en esos años, con tanta gente, siempre había de qué hablar y de qué reirnos. Por buena persona, agradable y por hacerme partícipe casi siempre de sus charlas, es que la elegí para mi comida.
Alicia Schejtman llegó al noticiero en la gestión de Hadad, porque ella es la tía de la hoy ex esposa de José Luís Rodríguez Pagano, el número 2 del dueño del canal de cable C5N, Radio 10, Infobae y varios medios más.
Lejos de ufanarse por su cercanía "al poder", Alicia mantuvo siempre el mismo perfil de compañera de sus compañeros. Con ella sucedió lo mismo que con Carla. Cuando nos mudaron más cerca, nos permitió entablar una amistad y así compartir los momentos buenos y malos en el noticero de entonces. A ambas nos unió, no sé si llamarlo fanatismo, pero sí el placer de ver "Zap", el programa por demás bizarro que Marcelo Polino conducía en Canal 9. Por ese buen humor compartido, es que Alicia no podía faltar en mi banquete.
Alejandra Higa también llegó al noticiero de la mano de Daniel Hadad. Era una de sus locutoras en la radio. En esa época conducía un programa en la radio "Mega", dedicada en exclusiva al rock. Más allá de admirar su voz increíble, Ale me cayó bien por su sencillez y su simpatía. También en este caso, la cercanía de nuestros escritorios, nos permitió tener más contacto y poder charlar sobre distintos temas. Mi elección fue por sus valores humanos.
Nos ubicaron en una mesa en el primer piso, donde contamos con una atención excelente por parte de varios mozos. Y todo lo que comimos estuvo delicioso.
Lo mejor sin embargo, fue el gran momento que disfrutamos, lejos del lugar de trabajo, aunque el noticiero estuvo presente en algunos chimentos.
Cuando comencé a recordar lo bien que la pasamos esa noche, me pregunté a quién invitaría si organizara una comida similar. De verdad, sería muy difícil descartar gente. En estos años, logré una relación tan linda con mis compañeros, sumé amigos, que salvo poquísimas excepciones, los quiero a todos.
Y de algún modo, el cafecito o el té que convido cada mañana, es mi manera de devolverles su buena vibra para conmigo. Tal vez algún día, pueda repetir una cena como aquella. No digo que me saque la Lotería como Babette, porque nunca juego. Pero si acierto el Quini 6, me comprometo a hacerla con todos. Y hasta con baile incluido.

jueves, 6 de octubre de 2011

LA DISCRIMINACIÓN ME HACE MUCHO DAÑO


"No podés sentirte tan mal por eso". Esto me lo dijo Alejo Rivera cuando me vio en la redacción del noticiero angustiada y llorando.
Entiendo que por ser mi amigo sólo trató de animarme. Pero lo que él no sabe, porque nunca lo vivió, es lo que siente alguien cuando es discriminado.
El miércoles 5 de octubre viví uno de los peores días del año. Lloré en silencio y sin parar más de seis horas, mientras redactaba las notas y la rutina de "Telenueve al Amanecer". Mi tristeza no me quitó la responsabilidad para cumplir con mi trabajo.
No voy a dar nombres, porque no quiero acusar a nadie. Pero sí pretendo tomarlo como ejemplo que aunque pasen los años, que aunque haya una política de Derechos Humanos que condena la discriminación, el gen racista no está aniquilado.
No estamos ni en Finlandia, ni en Suecia, ni en Noruega, ni en la Alemania nazi que soñaba Hitler: todos rubios y de ojos claros. Pero la discriminación está presente para norteños, inmigrantes de países vecinos, negros, villeros, homosexuales y travestis. Todos en la misma bolsa, sin tener en cuenta al ser humano.
Además, lo escribo para desahogarme y dar por terminado este episodio.
Todo comenzó cuando el productor ejecutivo del envío mañanero me llamó para decirme algo que le había pedido que me transmitiera el director del noticiero.
"Decile a la "coya" que el accidente que sacamos ayer fue el viernes y que se vaya a tocar la quena a otro lado..."
Lo del accidente es una cuestión interna que dejo de lado. Lo que me dolió fue el mensaje y el mensajero.
Si bien es cierto, ambos ya me pidieron disculpas y se las acepté, me da la oportunidad para expresar mi parecer sobre cómo actúo yo con los mensajes de terceros. Ya lo viví antes cuando otros jefes me decían: "llamalo y decile que...y se vaya a la puta que lo parió". Obvio que si había que llamar a la persona para transmitirle el desagrado del jefe, yo no utilizaba los insultos. ¿Para qué arruinarle la vida, si con decirle que se equivocó y que no lo vuelva a hacer es suficiente?.
Será tal vez porque a mí sólo me gusta dar mensajes positivos. Cuando alguien me pide que insulte a otro/a de parte de él o ella, le respondo: "decíselo vos". Pero sí me gusta decirle a la gente que alguien habló bien de él o ella. Es una caricia para el alma que no cuesta nada.
Cuando alguien te está dando un mensaje que contiene un insulto y te lo lanza a la cara, lo siento como si él o ella también me lo está diciendo.
Eso fue lo que más me dolió ese día. Porque la persona que me lo decía era alguien a quien aprecio y el que mandó el mensaje, también. Porque nos une el amor por los animales y le estoy agradecida que muchas veces reconoció mi voluntad de trabajo.
Yo sé que en algún momento me voy a reir de imaginarme "ir tocando un carnavalito con la quena". Pero todavía no me pasa y tampoco es el punto.
El punto es sentir asco por la gente que nació en un lugar donde "se toca la quena y se baila el carnavalito", aunque en el caso mío nací en Jujuy porque mis padres vivían allí. Pero ninguno de los dos nació en la provincia. Mi padre es de Tucumán y mi madre es entrerriana.
Esto es como el caso de los militares y los empleados del Banco Nación o del correo, que tienen que ir a donde los mandan y sus hijos nacen donde a las mujeres les toca el parto.
¿Alguien alguna vez discriminó a Raquel Welch porque nació en Bolivia?. Supongo que no. Quién se iba a meter con semejante belleza, que celebro, volvió muchos años después a Santa Cruz de la Sierra para reencontrarse con sus paisanos.
Yo amo a Jujuy porque nací, me eduqué hasta terminar el Secundario y me enamoré de la persona que más quise en mi vida, en esa provincia. La amo porque, aún separados, mis padres continúan en ese lugar, como así también tíos y primos, y por los amigos de la infancia y la adolescencia.
La amo por su sol, por sus paisajes, por su inimitable y única Fiesta Nacional de los Estudiantes. Porque fue el portal de la Patria. El general Manuel Belgrano la eligió para dejar su Bandera, en honor al sacrificio de un pueblo que dejó todo para que cuando lleguen los españoles no encuentren nada. Y ese fue el histórico "Éxodo Jujeño".
La amo por Gimnasia y Esgrima, el lobo jujeño, por ser el equipo que elijo después de River. La amo porque es Argentina, si Argentina, aunque los que discriman la tilden como una parte de Bolivia. Y aclaro que no tengo nada contra los bolivianos. Son parte de América, la América que también adoro.
La amo más allá de no estar ahí, porque trabajo y estudié en Buenos Aires desde hace 32 años. Y el amor no tiene explicación, sólo se siente.
Las primeras muestras de discriminación en esta ciudad, inundada de inmigrantes nacionales y extranjeros, las tuve allá por el año 84', cuando cerró la revista "Casos", donde yo trabajaba en la Editorial Perfil, y me pasaron a "Tal Cual". En esa revista había dos compañeros que se burlaban de mí todo el tiempo por el hecho de "ser jujeña". Eran insoportables. Y aunque me dolía lo que me decían, nunca les respondí. No quería pelearme con nadie, que era lo que en definitiva buscaban. Y a la distancia, me imagino cuánto habrán disfrutado cuando me despidieron de la empresa. Allá ellos.
Después de mucho tiempo, lo sentí en Canal 9, con algunos jefes y directores. Frases como "muerta de hambre que vino con una mano atrás y otra adelante", o "coya de mierda", no me son ajenas. Al contrario, laceraron mi corazón.
La misma persona que en esta oportunidad envió "el mensaje", ya había utilizado varias veces esos términos para dirigirse a mí. Hasta que un día me planté y le dije que "la próxima vez que me discrimines, te voy a denunciar en el INADI". Esto fue hace unos cuatro años y no pensaba que podía repetirse.
En ese tiempo, había también un compañero, que no recuerdo si ya lo habían ascendido a productor ejecutivo, que también utilizaba términos discriminatorios para dirigirse a mí. Sin ningún motivo. Ni siquiera para llamarme la atención por algo.
Hasta que un día me cansé y lo enfrenté. La imagen es como la de David y Goliat.
Era un mediodía en la redacción, cuando había muy poca gente, porque se habían ido a almorzar. Como siempre, sin ninguna razón, me dijo "coya de mierda". En ese momento no me importó que fuera grandote, que me llevara medio cuerpo, que fuera gritón y que la mayoría le temiera. Yo estaba hastiada del maltrato y hasta decidí jugarme el empleo. Si me echaban, iba a ser injusto, pero por una buena razón.
Cuando escuché de su boca la frase lapidaria, corrí hasta donde estaba y sin importarme nada, me paré y mirándolo a los ojos, le dije:
"¿Querés pelear?, vamos afuera, porque aquí están las cámaras...resolvamos esto con los puños, ya..."
El tipo se quedó petrificado. Nunca se hubiera imaginado que alguien le iba a decir eso y menos aún una mujer. No me respondió nada, dio media vuelta y se fue.
Los compañeros que estaban allí, no lo podían creer. Y algunos se acercaron a preguntarme, qué hubiera pasado si aceptaba el reto. Y yo les dije: "al menos una patada en los huevos le iba a dar...". Nunca jamás, aunque nuestro trato siguió siendo distante hasta que lo despidieron de la empresa, volvió a discriminarme.
Esta vez, en cambio, me tocó en un momento en que creía que las actitudes discriminatorias para conmigo estaban superadas. Que no se iban a volver a repetir.
Tenía por eso la guardia baja, estaba invunerable, y por eso me dolió tanto.
De repente, me empezó a pasar la película de mi vida, donde llegué a una edad en la que tendría que ser alguien. Que pasé por varios trabajos y nunca me ascendieron. Que todo el esfuerzo, las horas que le robé al sueño para estar informada, no sirven para nada. Que me compré una netbook, sólo para tener más posibilidades de estar atenta a la actualidad. Que tengo una cámara encima, por si me toca ser testigo de un hecho importante en la calle.
Pero al parecer todo es inútil, porque "nunca dejaré de ser una negrita jujeña, con un acento diferente".
Y no lo estoy sacando en cara, porque amo mi trabajo con toda mi alma. Simplemente es así y lo triste, como dice Serrat es que "no tiene remedio".
Más de lo que tengo no voy a conseguir. Porque hay gente más talentosa, más inteligente, más preparada, más joven y más atractiva que yo, que tiene prioridad.
Lo que me queda entonces, es mi entusiasmo por cumplir con mi tarea, con no bajar los brazos, nunca. Y sobre todo, contar con este blog, donde no gano un peso. Pero me da la posibilidad de despuntar el vicio de la escritura, de recordar lo bueno y lo malo, de emocionarme y en definitiva, de sentirme libre, al escribir sólo lo que mi corazón me dicta. Y lo hago con orgullo, muy a pesar de ser una "negrita jujeña, coya, que debería irme a tocar la quena a otro lado..."