martes, 1 de octubre de 2013

TESTIGO DEL OCASO DE UN CAMPEÓN: MARTÍN KARADAGIÁN



En junio de 1984, trabajando para la revista "Tal Cual" de la Editorial Perfil, me encomendaron la tarea de cubrir la nota sobre un momento muy difícil en la vida de Martín Karadagián.
El creador de "Titanes en el ring" sufría una dolencia en su pie derecho por problemas circulatorios, pero con el paso del tiempo su estado se complicó y después de varios intentos por evitar lo peor, no hubo más remedio que amputarle la pierna.
Era muy extraño para mí seguir de cerca el sufrimiento, aunque intentara disimularlo, de un hombre de quien tenía la imagen de un personaje valiente e invencible en la infancia, con la triste realidad de un hombre al que habían dejado sin su pierna derecha.
Al ser una revista semanal, tuvimos algunos días para cubrir lo que sucedía en el Sanatorio Anchorena, donde se encontraba internado el campeón de catch, antes de cerrar la nota para ser enviada a impresión.
El director del medio determinó que fueran dos periodistas, Diana Malizia y yo, las que nos turnáramos en el lugar para hacer las entrevistas con familiares y allegados de Karadagián, y conseguir sobre todo poder hablar con él.
Mientras el fotógrafo de turno se quedaba en la planta baja, nosotras subíamos hasta el sector de internación para estar más cerca de la información. Nadie nos decía nada porque pasábamos como familiares de las personas que se recuperaban en las distintas habitaciones.
La primera nota que salió publicada estaba firmada por mí y por Diana, en ese orden, ya que tuve la fortuna de ganarme la simpatía de "Pichi", la esposa, y de Paulina, la hija de entonces 12 años de Martín, lo que permitió, una vez que fue llevado a una sala común, ser aceptada para entrevistarlo.
Nunca antes le había hecho una nota. Mi imagen era hasta ese momento la de la televisión, cuando con mis hermanos, en Jujuy, no nos perdíamos su programa y teníamos, al margen de él, a nuestros luchadores favoritos.
Por eso me producía una sensación muy extraña conocer al líder de "Titanes en el ring", en persona y en circunstancias adversas.
Me sorprendió su amabilidad, respeto y simpatía, pese a que no era nada fácil para un deportista como él, haber sufrido una amputación.
También me enterneció el amor que demostraba por los chicos. Varios pequeños le habían enviado cartitas desde distintos puntos del país para darle ánimo y Karadagián las leía a todas y las guardaba como un auténtico tesoro. En la nota publicamos una de esas declaraciones de afecto de sus pequeños admiradores.
Como a partir de esa nota, me siguieron enviando a mí para hablar con él, en el sanatorio y luego en su piso de la Avenida Callao y Las Heras, pude ser testigo de sus cambios de ánimo.
Karadagián padeció dos años y medio en secreto, el mal que afectaba a su miembro inferior derecho. No quería que interfiriera en su trabajo de alegrar a los chicos con sus peleas. Hasta que llegó el momento en que se hizo insoportable y los médicos tuvieron que ponerse firmes, y actuar en consecuencia.
Incluso sus amigos más íntimos y compañeros de tareas, se enteraron del problema congénito de arterias tapadas que sufría y que se fue agravando con el paso del tiempo.
Mony Acher, su mano derecha y administrador, contó en la primera nota cómo fue su malestar hasta desencadenar en la amputación.
"Desde hace diez años, Martín se está tratando con un matrimonio de médicos muy famosos a los que tengo totalmente prohibido mencionar. Pero en diciembre pasado (hablaba de diciembre de 1983), el gran campeón, por indicación de estos profesionales, tuvo que conectarse con el doctor Parodi, del Hospital Castex, en San Martín, por una infección que se originó en su pie derecho".
Con el propósito de aliviar sus dolores y aumentar su irrigación sanguínea, el médico le hizo una pequeña operación. Pero como la herida no cicatrizaba, en abril lo llevaron al Sanatorio Británico.
Acher seguía contando que "allí Martín se sometió a 18 sesiones de oxigenación en la cámara hiperbárica, pero en este caso, el tratamiento tampoco dio resultado. Los dolores continuaron y el fin de semana previo al jueves 24 (de mayo de 1984), día de la operación, sus molestias eran insoportables".
Para evitar una infección mayor, Parodi, en junta médica con otros cinco profesionales del Sanatorio Anchorena, decidieron que la única posibilidad que quedaba era amputar su pierna hasta arriba de la rodilla.
La operación de dos horas y media, resultó exitosa. Sólo que la recuperación fue muy lenta.
No podía con su genio. Era un trabajador incansable, creador de los personajes que asumían sus luchadores, incluidas las músicas de cada uno, y de todo lo que sucedía alrededor del programa, como la "Viudita misteriosa" que quería conquistarlo y el extraño "Hombre de la barra de hielo", que pasaba en medio de las luchas. Todo eso había salido de su mente.
En los primeros momentos, aún posando con su muñón, Martín se mostraba muy optimista.
El doctor Carlos Samaria, director en ese momento de Ortopedia Alemana, ya tenía para él la prótesis que reemplazaría a su pierna amputada. Y Karadagián continuaba soñando con la creación de más personajes, donde él tampoco se sentía ajeno.
Su hija me contaba que habían pasado apenas 12 horas desde la operación, cuando su papá le dijo que a todos los que preguntaran por él, les dijera que "estaba bien, que seguiría luchando y como tenía una pierna menos, haría del "Pirata Martin", un luchador dispuesto a pelear con "Simbad el Marino".
Si bien los médicos no lo autorizaron a volver a luchar, Karadagián siguió vinculado a su programa en televisión y a un espectáculo de catch en teatro, pero desde el rol de creador y productor.
Sorprendente su espíritu de lucha.
Tuve la oportunidad de seguir un tiempo más en contacto con él y su familia, porque ante el aumento de las ventas de la revista, los jefes me pidieron que me ocupara de la relación del campeón con sus pequeños fanáticos, a través de las numerosas cartas que recibíamos en la editorial para Martín y que yo misma se las llevaba a su casa.
Karadagián se encargaba de contestar cada una de esas cartas y lo hacía a través de la revista.
Cuando a los jefes les pareció que el tema ya no daba para más, dejé de entrevistarlo y nunca más lo vi.
Aunque era un hombre, como él lo decía, al que no le importaba estar postrado en una silla de ruedas, usar muletas o caminar con dificultades con la prótesis, sólo estar vivo, a la larga no pudo soportar sus limitaciones.
Los problemas de salud, sumados a una tristeza irremediable, lo llevaron a la muerte siete años después. Martín Karadagián murió el 27 de agosto de 1991, a los 69 años.
Pero el campeón mundial de catch nunca morirá para sus fanáticos. Está vivo en la canción que lo acompañaba al ingresar al cuadrilátero y que se escucha de vez en cuando. Y también en lo corazones de aquellos chicos, hoy grandes, que tomaban la merienda, mientras en la tele todos se "mataban". A golpes, pero de mentira...

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4 comentarios:

Sergio dijo...

Inolvidable la expectativa con la que aguarde y contemple su inolvidable"empate"con la momia en el Luna Park hace 40 años....el cortito a la zona lumbar fue su"salvacion"en una lucha que le era muy"desfavorable".Un emprendedor y buen tipo.Mi amigo Eduardo conserva grabadas todas las canciones de los personajes,un fanatico en serio.GRAN RECUERDO PARA EL TITAN!.

Yayi Villegas dijo...

Gracias Sergio. No sabía que te gustaba Karadagián y su show con los luchadores. Con esto que escribí, estoy descubriendo a mucha gente que era fanática de los "Titanes en el Ring". Mostrale a Eduardo mi testimonio en una etapa muy difícil de su vida. Saludos.

Anónimo dijo...

No creo que esté bien titulado
Don Martín jamás tuvo ocaso
Aquella noche de 1990 (si no me equivoco) pusimos el televisor en el gimnasio y lo vimos entrar.
Jamás podre olvidar "... mientras tenga a Titanes en el Ring, no necesito ningún apoyo..."

Yayi Villegas dijo...

Gracias Anónimo por tu comentario, pero no me refería al ocaso en el ring, sino como persona. Yo lo ví con una pierna, tras la amputación y ya no era el gigante (no por la altura) del ring. El hombre estaba triste no poder ser más lo que alguna vez fue.