lunes, 15 de abril de 2013

UNA FOTO, UNA HISTORIA...ÚLTIMO FESTEJO DE CUMPLEAÑOS...


Corría el año 1992, hacía tres que trabajaba en Canal 9, en el entonces noticiero "Nuevediario" y ya me había hecho de nuevos amigos para invitar a mi cumpleaños.
Todos los años, siempre se incorporaba alguien nuevo para disfrutar de ese momento, donde me convertía en el centro de los besos y abrazos, y en la receptora de varios obsequios, que aún conservo, pero que no recuerdo quiénes me los regalaron y cuándo los recibí.
Transcurría el mes de noviembre y me preparaba para cumplir mis 33 años rodeada de afectos.
Las veces anteriores nos juntábamos en casa, en los distintos departamentos donde me fui mudando a lo largo de los años, siempre sentados en la alfombra y sobre almohadones, porque no tenía sillones y pocas sillas. Pero aún con esas carencias y un poco amontonados, ya que vivía en lugares pequeños, siempre la pasábamos de maravillas.
Lo importante era estar juntos para comer, brindar y reírnos un rato.
En esa ocasión decidí hacer la reunión en un restaurante.
Me contacté con un jefe de prensa de varios artistas, que no recuerdo su nombre, para que me recomendara un lugar lindo, con comida rica y donde pudiera lograr algún descuento.
El restaurante actualmente ya no existe. Estaba ubicado frente a la Plaza Vicente López, sobre la calle del mismo nombre, en el barrio de Recoleta. Lo recuerdo muy acogedor, con buena ambientación y un trato excelente por parte de los mozos y el gerente del local.
Marisa Cortez,  mi gran amiga de la época en que trabajé en la Editorial Perfil, fue mi primera invitada.
Con Marisa estuvimos juntas en la redacción, aunque en distintas revistas, y en una temporada de verano, trabajando para la editorial. Y también fuimos vecinas. La contacté con la dueña del departamento en la calle Pacheco de Melo que yo alquilaba. Ella se vino de Adrogué y alquiló justo encima de mi departamento. Esa vecindad, afianzó nuestra amistad. Extraño esos tiempos.
Matu O'Connor fue la mejor jefa de prensa que tuvo Canal 9 en toda su historia y una gran persona, a quien le debo el contacto para la nota en "La Revista" con el productor general de "Nuevediario", Horacio Larrosa, y su hijo Leandro, y que fue mi pasaporte para ingresar al noticiero.
Matu fue acompañada de su hija Antonella.
Liliana Amuchástegui era la encargada de prensa de la agencia de músicos de rock de Daniel Grinbank y con la cual me hice muy amiga en un viaje a Rosario. Sucedió cuando fui a cubrir la vuelta triunfal a su ciudad de origen, de Juan Carlos Baglietto y Fito Paéz, en un concierto multitudinario en el estadio de Rosario Central.
De mi paso por "La Revista" y "Teletotal", ambas revistas de la misma editorial, vinieron Alejandro Veroutis, hoy uno de los jefes de prensa más importantes, entre otras figuras, de Antonio Gasalla, y la "Gallega", Viviana Fernández, de quien la última noticia que tuve fue que se había ido a vivir a España.
También asistió Pablo Grillo, el hijo del recordado jugador Ernesto Grillo, de quien me hice muy amiga, pero a quien lamentablemente le perdí el rastro con el paso de los años. Pablito fue con un amigo, que yo no conocía. Sin embargo, fue bienvenido a la reunión.
Me alegró que viniera Daniel Poplavsky, aunque ya hacía dos años que habíamos dejado de salir. Esa fue la última vez que lo vi. Hará unos dos años, me enteré por su hijo, el conocido abogado de la causa Cromañón, Patricio Poplavsky, que murió de un ataque cardíaco. Era un loco lindo, pero tenía una vida misteriosa.
De mi nueva etapa en Canal 9, no podía faltar la divertida Antonieta Rofrano, la secretaria de Horacio Larrosa, y con quien me llevé de manera excelente desde que comencé a trabajar en el noticiero.
Tampoco podía estar ausente Guillermo Andino, a quien conocía desde chico, cuando le hacía notas a su papá, Ramón Andino, y después a él, cuando tras la muerte de su padre comenzó a destacarse como periodista en Canal 13.
"Guille bonito", como yo le decía, fue un acierto de Alejandro Romay cuando lo contrató para la conducción del noticiero con Mabel Marchesini, con la que formó una dupla muy exitosa.
La cordobesa de Río Cuarto, Mabel, fue otra amorosa que también sumé a mi fiesta. Con ella volví a contactarme en los últimos meses, vía Facebook.
La velada fue muy amena. Logré que gente que no se conocía, congeniara y se sintiera a gusto. Sin embargo, fue al cabo de la comida que decidí que iba a ser el último festejo de mi cumpleaños.
Cuando llegó el momento de la despedida, cada uno se fue a su casa. Algunos, sobre todo los que iban a la zona sur del gran Buenos Aires, compartieron la movilidad. Y el resto, se fue en su vehículo o en taxi.
Nadie me ofreció acercarme a casa. No los culpo, seguramente no se dieron cuenta.
Así fue que de un momento a otro me quedé sola, parada en la puerta del restaurante.
Esa soledad, que me hizo deslizar un par de lágrimas, fue la que me llevó a hacer la promesa de no volver a festejar mi cumpleaños, a no ser que estuviera de novia o casada.
Al año siguiente viví el peor desengaño amoroso de mi vida, que me llevó a cortar de raíz toda posibilidad de volver a enamorarme. Nunca más sufrir por un amor no correspondido. Nunca más nadie.
De esa manera resolví mi vida y no me arrepiento, porque no volví a llorar por ningún hombre. Y aunque muchos no me crean, soy feliz así.
Por ese motivo, eliminé la celebración de mis cumpleaños. Sólo me regalo una semana de vacaciones, en la cual está incluido el día de mi cumpleaños. Mi festejo de ese día es no hacer nada. Me limito a responder los llamados telefónicos de mis familiares más cercanos y de algunos amigos, y los saludos a través de Facebook y Twitter. Y a escribir, la gran pasión de mi vida.
Tal vez algún día vuelva a reunir a mucha gente amiga del pasado y del presente, aunque no sea para festejar un cumpleaños. Lo haría simplemente para un reencuentro.
En la soledad de mi casa, a veces me pregunto, qué pasó con todos esos amigos. Algo malo debo haber hecho para que muchos de ellos me sacaran de sus agendas. Reconozco que uno de esos errores fue meterme tan de cabeza en el noticiero, buscando, indagando, estudiando, para no perder el puesto, que me olvidé del mundo.
Sólo conservé a los familiares cercanos y me hice de nuevos amigos en "Telenueve", que dicho sea de paso sólo veo en el plano laboral. Pero algunos han tenido actitudes maravillosas conmigo.
Cuando el reencuentro se produzca, voy a pedirles disculpas por mis errores. Quisiera darles un abrazo, recordar anécdotas del pasado y dejar abierta la puerta para más y más reuniones.
Eso es de momento una fantasía. Mientras tanto, miro con nostalgia la foto de aquel cumpleaños en 1992...

2 comentarios:

gustavo siegrist dijo...

Querida Yayi
Cada dia me sorprendes mas y cada dia te valoro mas..Sos, ademas de una gran profesional un ser humano de excepcion!...lastima que los colores del futbol no nos unan, jeje..Te mando un gran beso

Yayi Villegas dijo...

Gracias Gustavo, pero ¿qué puse para que dijeras tamaño elogio?. Solamente conté una anécdota en base a una foto. Nada más. Nuevamente gracias por leer lo que escribí. Y es verdad, los colores en el fútbol nos tiene enfrentados. Qué se va a ser, el amor por la camiseta no se vende. Un beso.