lunes, 26 de septiembre de 2011

UN PAPELÓN ANTE LUÍS MIGUEL






Tuve la suerte de entrevistar a Luís Miguel, en casi su última etapa de buena relación con la prensa. Me estoy refiriendo a un Luís Miguel de 18 años, porque un tiempo después decidió rodearse de guardaespaldas, empresarios del espectáculo y las discográficas, y armar un círculo de amigos, sin ningún periodista alrededor.
También lo entrevisté cuando tenía 13 años y más chico todavía. Es decir que siempre fue para mí "un nene al cual ví crecer". De pequeño, las notas las hice en Buenos Aires, donde era un habitual visitante a los programas de Canal 9, donde yo por supuesto no estaba todavía, pero iba a menudo a cubrir las actuaciones de estrellas como él.
Las dos últimas entrevistas fueron en Mar del Plata, en temporada de verano.
En el verano del 84', cuando yo participaba del operativo de verano de la Editorial Perfil, fui testigo, porque estaba en el grupo de periodistas que iba con él para hacer unas fotos en la playa, de los golpes que recibió de una patota que se le vino encima. Recuerdo su carita de susto, cuando su entonces representante lo rescató de los patoteros, que alcanzaron a pegarle unas piñas, y lo llevó abrazado hasta el Hotel Provincial, donde se alojaba.
Ese día, lo que iba a ser una nota alegre, con el pibe lindo en la playa, se convirtió en una noticia para la sección Policiales, porque terminó lastimado.
Sin embargo, lo que trae a cuenta este escrito sucedió en su visita a Mar del Plata en el verano del 89'. Esa temporada la cubrí para la revista "La Revista" y fue en suma la última, porque a mediados de año me invitaron a "irme voluntariamente de la empresa".Y luego entré a Canal 9.
En esa oportunidad, Luís Miguel llegó para presentar su disco "Un hombre busca a una mujer", por eso elegí el tema para adornar este texto. Sobre todo porque el look del video es el mismo que él tenía en Mar del Plata, con ese jopo desarreglado, que se tocaba constantemente.
Su actuación fue en el Teatro del Hotel Hermitage, donde los alaridos acalorados de sus fanáticas no me dejaron escuchar ninguna de sus canciones. Pero me demostró que en el escenario, aún tan chiquito, Luismi tenía un impresionante dominio del público. Ese nene tenía futuro de estrella mundial y así lo es en la actualidad.
No me gusta su estilo musical, pero sí disfruto en su voz las canciones de Armando Manzanero y el inolvidable dueto que hizo con Frank Sinatra, cantando el tema "Come fly with me".
Esa vez en "La Feliz", fuí, si se quiere, una privilegiada de entrevistar al pequeño gran artista, y también con otros periodistas, incluido Juan Alberto Mateyko, de compartir un almuerzo con él en el comedor del Hotel Hermitage.
El sitio era ideal porque como estaba alojada allí desde el 1° de enero y hasta el final de la temporada, no tuve más que bajar del ascensor a la comida. Lo mismo sucedió con Luís Miguel, quien estaba en la suite principal, ocupando además todo un piso con el empresario argentino que lo contrató, Alfredo Capalbo, y sus colaboradores y músicos.
Antes de ubicarnos en una mesa larga, en cuya cabecera estaba Luismi, Capalbo nos pidió a los periodistas que comiéramos primero y después recién lo entrevistáramos.
A su derecha se sentó Capalbo y a su izquierda, Juan Alberto Mateyko, uno de sus amigos argentinos desde siempre. Al lado de Capalbo, se adelantó a sentarse Marita Otero, periodista del diario "Crónica". Y yo, como además tenía muy buena relación con Juan Alberto, me senté al lado de Mateyko. Es decir que ambas éramos las más cercanas al artista.
El chico estaba muy alegre y bromista. Ese buen ánimo fue considerado por Marita una posibilidad para romper el acuerdo con el empresario y comenzó con las preguntas. Nadie se quiso quedar afuera y al pobre le rodeamos el plato con grabadores.
Como no puso reparos ante la alteración del orden, Capalbo se dio por vencido y las preguntas y respuestas comenzaron a fluir, con un Luís Miguel increíblemente predispuesto a responder de todo.
Esa actitud en la actualidad, cuando vive en absoluto hermetismo, sin dejarse entrevistar ni siquiera por figuras como Susana Giménez, es imposible de imaginar. Pero no es una fantasía, Luís Miguel fue alguna vez muy agradable con los periodistas.
La intención de este escrito no es transcribir la nota. Pero no puedo dejar de destacar que respondió todo lo que se le preguntó. Habló de su rol oculto de compositor, aunque siempre prefirió, incluso hasta el día de hoy, interpretar temas de importantes autores de habla hispana y otros traducidos de habla inglesa.
Que aunque ganó mucho dinero como artista, nunca fue ese su objetivo sino "el placer de cantar".
También se refirió a su disciplina en cuanto al cuidado de su físico, ya que no sólo decía cuidarse en las comidas, sino que señalaba que no fumaba ni bebía alcohol, salvo alguna cerveza de vez en cuando, y practicaba todo tipo de deportes, como natación, tenis, fútbol, squash, gimnasia, complemento de pesas y golf. Y esto último lo demostró cuando fuimos a hacer las fotos a la terraza del hotel y se prendió a jugar minigolf con Emilio Disi.
Tampoco eludió lo que para él era el "doloroso" divorcio de sus padres. Mientras su padre, Luís Gallego Sánchez, conocido artísticamente como Luisito Rey, se quedó con él en México, su madre, Marcela Basteri, se radicó en Italia con sus dos hermanos. Eso hasta que se lo comenzó a indagar sobre mujeres, donde fue siempre Marita Otero la más incisiva. Luís Miguel respondió que "las mujeres son mi debilidad". Pero Marita insistía en lo relacionado "a la edad de esas mujeres". Fue ahí que Luismi dijo que "tenía especial inclinación por las que cuentan entre 25 y 30 años". Y que en México había tenido una relación reciente de cinco meses "con una mujer de 33 años".
Como ví que era eso lo que Marita quería escuchar, porque estaba "muerta con él", ante la respuesta del chico, quise decirle a ella: "entonces, tenés esperanzas...". Pero ahí viene mi papelón. En lugar de eso dije: "entonces, hay esperanzas". Y quedé como que era yo la interesada.
Todos se rieron y no me creían, cuando les quería explicar que no era lo que había querido decir. Además de quedar como la "vieja verde" (en realidad no era vieja, tenía 29 años), el resto de la jornada, lo tuve a Luís Miguel guiñándome el ojo cada vez que lo miraba para hacerle más preguntas y atender sus respuestas.
El papelón se agrandó aún más, cuando al día siguiente Juan Alberto Mateyko lo comentó en su programa de radio. Y los que me conocían y lo habían escuchado, me venían a preguntar o a cargarme por "tirarme un lance con Luís Miguel".
Sin embargo, no quedó allí el tema. Como estábamos alojados en el mismo hotel y aunque en el tiempo que él estuvo no salió de su habitación, y tampoco lo volví a ver, era Alfredo Capalbo el que al cruzarme en el vestíbulo o en el ascensor, me decía: "el nene te está esperando", o "¿a qué hora le digo que vas a ir a su cuarto?". Y yo seguía diciéndole que simplemente le había querido hacer una broma a la periodista de "Crónica".
Sé que las chicas que estaban de enamoradas de Luís Miguel, sentían, además de envidia, que yo era una idiota de "perderme esa oportunidad". Pero para mí él seguía siendo un nene, tal cual como lo conocí. Y a la distancia, nunca me arrepentí de no haber ido a tocarle la puerta a su habitación.

1 comentario:

Yayi Villegas dijo...

Esto es sólo una prueba, porque me dijeron que no pudieron dejarme mensajes. Espero que se solucione.