martes, 11 de septiembre de 2012

ANDRÉS GARCÍA, AQUEL GALÁN LINDO PERO ENGREÍDO

Andrés García nunca fue un galán que me produjera un interés particular. Ni por sus condiciones actorales y tampoco por su figura de hombre recio, ojos claros, bigote mexicano y sonrisa compradora por la que sé morían muchas mujeres.
Pero como el hombre estaba trabajando en 1988 desde hacía seis meses en la Argentina en la telenovela "Mi nombre es Coraje", y como yo estaba en la revista "La Revista", propuse hacerle un reportaje porque me pareció un personaje interesante para entrevistar.
Además, yo era amiga de su jefa de prensa, es decir que contaba con información adicional, útil como referencia de su fama de "conquistador", pero imposible de reflejar en la nota.
García se había traído a vivir con él a Leonardo, uno de sus 16 hijos, un chico que en ese entonces tenía 16 años, muy simpático y que soñaba con ser igual de mujeriego que su papá. Sólo eso, porque no estudiaba ni trabajaba y ni se inmutaba que su padre lo pusiera en evidencia.
Leonardo era cómplice de las travesuras del actor, que no perdonaba ni a solteras, casadas, jóvenes, cuarentonas, cincuentonas, lindas o feas. Cualquiera. El tipo hacía honor a la frase: "Todo bicho que camina va a parar al asador". Y al parecer le iba bastante bien, porque debía armar una cuidadosa agenda para que no se "le cruce el ganado".
Se vanagloriaba de haberse casado y divorciado cinco veces. En la actualidad le perdí el rumbo. Imagino que ya debe ir por los 10 matrimonios y respectivos divorcios. O tal vez se terminó enamorando de un "machote" de su país. Lo digo con humor y desde mi profunda ignorancia.
En esa época el hombre iba para adelante, rompiendo corazones femeninos. Eso es muy cierto. Yo habré conocido al menos a tres de las mujeres que cayeron rendidas a sus encantos. En su mayoría colegas, que iniciaban la amistad al cabo de una entrevista.
Una de las conquistas argentinas era una conocida productora de modas, que en ese entonces estaba casada con un fotógrafo con quien yo había trabajado en otra editorial y por el cual sentía un gran aprecio. Esta mujer no sabía que yo conocía a su marido y con total desvergüenza le contaba delante mío, en la oficina de prensa de un canal de televisión a la jefa del área, las veces que iba a encontrarse con Andrés García en el apart-hotel donde el actor vivía en el barrio de la Recoleta.
Me daba bronca lo que le hacía al fotógrafo, un tipo genial y más de una vez estuve tentada de tratar de contactarlo para contarle con quién estaba casado. Pero nunca lo hice. Y si bien, me sentí culpable por no animarme a "abrirle los ojos" a un amigo, me conformé cuando mucho tiempo después me enteré que se habían separado. Era obvio que a esa pareja le faltaba amor.
Con esta referencia desagradable fui a hacerle la nota al galán millonario nacido en Santo Domingo y nacionalizado mexicano. Aunque en la entrevista participaba su hijo, no tuvo ningún reparo en tratar de avanzarme. Tal vez era una manera de mostrarle en vivo y en directo al jovencito cómo "todas las mujeres se  enamoraban de él".
Sólo que yo no estaba en el grupo de "todas", ni lo quería estar, porque detesto a los tipos que aún siendo lindos, se creen irresistibles. Me cayó pésimo.
Después de hacer la entrevista y las fotos en el departamento del apart-hotel, a Miguel Ángel de León, el fotógrafo, se le ocurrió que fuéramos todos a Plaza Francia, ubicada a pocas cuadras de allí, porque quería hacer algunas tomas en exteriores, que al final ninguna fue elegida para la nota editada.
En ese lugar, mientras Miguel Ángel buscaba los fondos para las fotos, García comenzó a ponerse pesado. Más de una vez quiso abrazarme y yo con delicadeza me alejé de su lado. Sin embargo, mi delicadeza se terminó cuando me pidió "un encuentro para más tarde". Allí estallé.
No pude evitar levantar la voz y le dije: "Cortala, ¿qué te pasa?,¿te pensás que todas quieren salir con vos?. Yo no tengo ningún interés. Y te voy a pedir respeto porque estoy trabajando..."
El tipo se quedó sorprendido. Se ve que no estaba acostumbrado a ser rechazado. Me pidió disculpas y no molestó más. Lo que yo no había reparado era que Miguel Ángel había escuchado mi réplica y trataba de mantenerse serio, ya que no podía creer que había sido capaz de ponerle un cepo al "galán de la tele", al que incluso a su propia esposa le gustaba.
Ese día, cuando volvimos a la redacción, el fotógrafo no se cansaba de contarle a todos: "Yayi le paró el carro al mexicano que le tiró los perros...". Y por bastante tiempo se encargó de difundirlo. Se ve que no le hacía ninguna gracia que a su esposa le interesara. En lo que a mí respecta, no me sentía ninguna heroína por lo que hice. Simplemente lo puse en su lugar.
Después del incidente, García debe haber pensado que en la nota que salió en "La Revista" lo iba a destruir. Nada que ver. Primó mi profesionalismo y la idiosincrasia del medio en el que trabajaba y lo dejé bastante bien parado.
En los primeros párrafos puse entre otros conceptos: "...Porque así como las damas se dejan seducir por sus ojos azules, su sonrisa perfecta, su cuerpo atlético y sobre todo por su descaro al intentar entablar una relación, los caballeros en lugar de desacreditar esa actitud, aplauden su audacia y admiran también su espíritu aventurero, su sencillez, su simpatía y su trabajo como actor, al interpretar un personaje fuerte y a su medida, como el de la telenovela "Mi nombre es Coraje".

3 comentarios:

Yayi Villegas dijo...

Me imaginé que este escrito iba a tener muy poca repercusión, porque hace mucho tiempo que Andrés García pasó por Argentina y después no se emitió ninguna telenovela suya. Es decir, que las nuevas generaciones no lo conocen. De todos modos, a los que lo leyeron y me lo comentaron, gracias. Y a los que lo hicieron y no me enteré, lo mismo.

Rosa Gomez dijo...

Típico de los hombres engreídos

Yayi Villegas dijo...

Gracias Rosa Gómez por tu comentario...