viernes, 21 de junio de 2013

TETÉ COUSTAROT, UNA MUJER CON CÓDIGOS





































Me hubiese encantado ser amiga de Teté Coustarot, porque es una de las personas públicas que más admiro.
Pero esa admiración, más que por sus condiciones intelectuales y su brillante desempeño, primero como modelo y luego como conductora de diversos acontecimientos y como periodista de televisión y de radio, mi admiración apunta sobre todo a su persona.
Teté es una mujer con códigos y como tal se convierte en un personaje fuera de lo común. Sobre todo en este medio donde a casi nadie le importa "pisar" cabezas con tal de ubicarse en un plano superior.
Ella es amiga íntima de Susana Giménez, la estrella número uno de la Argentina, y nunca sacó provecho de esa condición. Y eso que es periodista.
Podría haber tenido en cualquiera de sus programas, las primicias sobre la vida y el trabajo de Susana. Pero no. No recuerdo haber escuchado una entrevista que le haya realizado a su amiga. Ni tampoco hacer un comentario sobre su trabajo y menos aún de su vida personal.
Siempre se mantuvo al margen, porque primó por sobre todo la amistad.
Como escucho todos los domingos su programa en Radio 10, "Qué noche Teté", puedo dar fe de ello. Cuando menciona a Susana es para hablar de alguna cena o fiesta donde estuvieron juntas, u otro tipo de salida. Sólo que no se detiene en ella y de lo que hablaron. Nada de nada. Se limita a comentar en líneas generales lo que allí sucedió.
Así lo hizo el año pasado cuando se refirió en la radio al divertido cumpleaños de Marley, donde todos se rieron a más no poder con las ocurrencias del agasajado y de algunos invitados como Elizabeth Vernacci y Humberto Tortonese.
Teté estuvo al lado de la diva en todos sus momentos. Los buenos y los malos. Y de su boca no salió una palabra. Por eso Susana la quiere tanto. Demostró ser una amiga de verdad.
Creo haber entrevistado sólo dos veces a Teté. Ese es por lo menos el registro que guardo en mi archivo.
La primera nota fue para la revista "Tal Cual", de la Editorial Perfil, en septiembre de 1984, cuando la ex modelo había comenzado a trabajar en el noticiero "Testimonios", de Canal 9.
La fuimos a buscar con el fotógrafo a la vieja emisora en la calle Gelly y Salguero, una vez finalizado el noticiero del mediodía.
Recuerdo que Teté le hizo en la puerta una broma a su entonces compañera Fanny Mandelbaun porque su marido la había pasado a buscar en un lujoso Mercedes Benz.
De allí nos fuimos a la zona del Museo de Bellas Artes, en la Avenida del Libertador al 1400, donde fue fotografiada caminando por la vereda del lado derecho, mano al centro de Buenos Aires, y cruzando la avenida. Y luego nos sentamos en uno de los bancos, casi al frente del museo, donde le hice el reportaje que salió publicado.
La nota tenía el propósito de destacar el digno trabajo que estaba realizando en el noticiero, tras su exitoso paso por el mundo de las pasarelas.
Teté había viajado desde su Río Negro natal para estudiar Periodismo en La Plata, pero cuando le faltaba muy poco para recibirse, ganó el concurso de "Miss Siete Días" y eso le abrió las puertas para iniciar una fructífera carrera como modelo.
Sin embargo, su intención de ser periodista no quedó sepultada. Sólo postergada, porque la vocación siguió intacta.
Por su preparación, talento y carisma, pudo consagrarse más tarde en el Periodismo, sin dejar de lado el mundo de la moda, donde siguió y sigue siendo inalterable su presencia, no ya como modelo, pero sí como animadora de los desfiles.
Teté sabía de las críticas de la que era objeto por personas que consideraban que "una modelo no podía ser también periodista". Y esto respondía, entre otros conceptos, en la entrevista que le hice:
"El Periodismo es muy exigente, pero no es cuestión tampoco de encasillar. Lamentablemente hay en la Argentina una costumbre de encasillar todo: que si has sido una cosa, no podés ser otra; y si lo hacés, seguro que lo encarás mal".
La otra nota que guardo de Teté se la hice para la revista "La Revista", allá por 1987.
Había sido invitada por la entonces Unión Soviética a pasar 10 días en Moscú y Leningrado, y me pareció interesante que contara su experiencia en aquel país.
La ex top model nos facilitó varias fotos de su viaje, que fueron las que adornaron la entrevista, junto a las tomadas por el fotógrafo, donde apareció mostrando a las "matrioskas", las tradicionales muñecas superpuestas, un samovar y dos hermosos libros de arte.
Con esas adquisiciones, más el relato de la visita a varios museos y una atenta observación de la gente y su cultura, quedó en claro que Teté tenía una mente abierta, ávida de conocimientos. Una mente de una auténtica periodista.
Lo que me gusta también de Coustarot es su postura positiva. Teté irradia alegría y buena onda. Al menos, es lo que transmite en su programa de Radio 10, en los cinco años que lleva en el aire.
Siempre trata que la persona que tiene enfrente la pase bien y la llena de elogios. Se nota en el trato con sus compañeros de trabajo, Adrián Puente, Daniela Benítez Kauer y sus eficientes productores que demuestran sentir a su vez por ella un gran aprecio y respeto. Lo mismo sucede con sus oyentes. Por cada saludo, devuelve frases cariñosas, que la gente agradece.
No sólo aconseja a las mujeres con las prendas que deberían usar para determinado acontecimiento y de acuerdo al cuerpo de cada una, sino que intenta encontrarle una solución a los problemas hogareños. Las manchas en la ropa, la aniquilación de alimañas y entre otros, las dificultades con zapatos que aprietan a los que sería necesario agrandar. Para este inconveniente, alguien sugirió ponerlos en el freezer y tuvo tanto éxito el resultado, que la sección en el programa pasó a llamarse "zapatos en el freezer".
Coustarot disfruta de leer el horóscopo y más cuando lo que anuncia a cada signo encierra buenos augurios. Hace un tiempo trajo de un viaje a España, un libro donde se describen las características de cada persona, de acuerdo al día que nació. El libro marcó tendencia en el programa. Cada vez es más la gente que llama para que la conductora le lea su horóscopo personal .
Nunca escuché a Teté hablar mal de nadie. Sólo una vez, un comentario que hizo sobre algo que le había sucedido y que no necesitaba demasiado análisis para darle la razón.
Contó que había ido a un supermercado a hacerle las compras a su madre que estaba enferma. Estaba apurada porque tenía una reunión importante y no quería llegar tarde.
Pero cuando estaba en la cola para pagar, una mujer se le puso por delante con la excusa que "estaba embarazada", aunque esa no fuera la cola para las personas en ese estado.
Teté le preguntó "si se sentía mal por el apuro de ser atendida". La mujer le respondió que "no". Entonces la ex modelo le pidió que respete la cola, que "estar embarazada no es estar enferma" y lógicamente la mujer se enojó con ella.
Después de ese relato, nunca más escuché a Teté hacer un comentario crítico hacia nadie.
Por algo la Virgen María la eligió para un hecho milagroso en la radio.
Teté es muy devota de la Virgen del Rosario de San Nicolás. Suele hablar siempre de sus visitas al Santuario y le dedica mucho tiempo a los diálogos con personas que tienen la misma devoción.
Un domingo del año pasado, la periodista entrevistó a Carolina Prat por un tema social en el que participaba. Pero como la esposa de Guillermo Andino también es una devota de la Virgen de San Nicolás, la conversación viró para ese lado.
Teté le pidió a Carolina que contara cómo había comenzado su devoción a la Virgen María, para que los oyentes lo supieran.
Cuando estaba relatando su experiencia, se escucharon unas campanas de fondo, que tanto a algunos oyentes (yo escuché la última campanada) como a Teté les llamaron la atención. La conductora se lo comentó a Carolina, como si fuera algo natural en una casa pegada a una Iglesia. Sólo que la joven, que no había escuchado las campanas, de inmediato aclaró que no tenía ninguna Iglesia cercana.
Además, eran cerca de las 23. ¿Qué Iglesia puede hacer sonar sus campanas a esa hora?. Ninguna. No hay misas a esa hora. Salvo que esas campanas actúen como un "cucú", que hace que suenen cada hora. Pero el horario no coincidía y en la actualidad, ese modo de indicar la hora ya no se usa porque los vecinos se quejan de inmediato por "ruidos molestos".
Para los que tenemos fe, esa noche hubo un milagro.
Ese acontecimiento tan fuerte y emotivo, hizo que aumentara mi admiración hacia esta encantadora profesional de Radio 10.
En lo único que no estoy de acuerdo con ella es su fanatismo por Boca. Esto se debe a que soy fanática de River. En su voz, aunque no lo diga e intente ser diplomática, se advierte su alegría cuando mi equipo cae derrotado.
Fuimos compañeras en el noticiero "Telenueve", en la época en que Canal 9 pertenecía a Daniel Hadad. Sólo por un tiempo, ya que ella se fue del programa.
Sin embargo, no nos veíamos nunca. Porque yo trabajo para las ediciones del "Amanecer" y la "Primera", del mediodía. Y Teté conducía con Claudio Rígoli la edición de las 19.
Una vez que fue al mediodía a ver al director del noticiero, Emilio Giménez Zapiola, me acerqué a saludarla. Le dije que le había hecho algunas notas cuando trabajaba en gráfica, pero aunque me dijo que algo se acordaba, no lo creo posible. Es una utopía pensar que con tanta gente que habrá conocido en su vida, se acuerde de alguien que vio en pocas ocasiones y no demasiado tiempo. Pero fue una actitud muy atenta de su parte.
Sostengo sin temor a equivocarme que Teté debería contar con su propio blog. Porque yo que he tenido una vida bastante monótona, siempre cuento con uno o más temas para explayarme cada semana. En tres años, ya publiqué alrededor de 160 artículos.
Me imagino Coustarot, que cada día de su vida es una experiencia distinta, sería un compendio muy interesante de historias, anécdotas, reflexiones, dignas de leerse con suma atención.
Son numerosos y variados los personajes y personalidades que entrevistó y sigue entrevistando. De cada uno se podría contar algo más. Es que siempre hay un lado "B" para reflejar. El que no puede incluirse en la nota convencional, pero que suele ser lo más "jugoso" de la persona.
Tal vez no lo hace por lo mismo que destaco en este escrito. Porque tiene códigos.
En la mayoría de las redacciones de gráfica donde trabajé, la imagen que los hombres tenían de Teté Coustarot era la de una "mujer gélida". Le decían: "la gélida".
Tampoco la querían demasiado porque no era protagonista de ningún escándalo y no hablaba de sus "amistades famosas". Por no ser mediática, le daban "poca vida en los medios".
Quisiera saber dónde están ahora aquellos agoreros. Aún con su estilo reservado, pero sobre todo por su simpatía, su belleza, su talento, cultura y carisma para la conducción, Teté se impuso y les tapó la boca a todos.
Yo me quedo con su calidez, su estado de ánimo alegre y contagioso, su respeto en el trato, su devoción a la Virgen María y su postura inalterable: la de tener códigos. Con eso me basta y sobra para admirar a la señora periodista Teté Coustarot.

viernes, 7 de junio de 2013

DOS FOTOS, UNA HISTORIA...TENTADA DE RISA CON LA BANDERA


Las fotos son de 1972, de mi último año en la Escuela Primaria "El Brete", de Centro Forestal, en Palpalá, Jujuy, cuando tenía el honor de ser la portadora de la Bandera Argentina.
Como era costumbre, el acto se hizo en el cine del lugar. Un cine enorme donde además de pasar películas y de ser el escenario de diversos espectáculos, se utilizaba para todos los acontecimientos escolares.
Yo adoraba ese sitio. Para ver las dos películas programadas para los sábados, usábamos un abono familiar que se tramitaba gracias al trabajo de mi papá en la fábrica Altos Hornos Zapla.
 Como el cine quedaba apenas a una cuadra de casa, aunque éramos chicos, podíamos ir solos los tres hermanos. Otras veces, concurríamos con mamá y otras lo hacía yo sola.
Todo dependía de las películas. Generalmente iba a todas las funciones, salvo cuando pasaban las películas de chinos, las de artes marciales, protagonizadas en su mayoría por Bruce Lee. No me gustaban para nada y nunca cambié de opinión al respecto.
Ese acto fue el de fin de curso, cuando le entregué la bandera a la escolta segunda, de 6° sexto, que es Gladys Mayo, la chica que estaba a mi izquierda y sonreía para la cámara. La otra chica es Blanca Terán, primera escolta y mi compañera de grado.
Ese día recibí el certificado de séptimo grado, el que me posibilitó inscribirme en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, de la ciudad de Jujuy, para continuar con el Secundario.
Si bien en esos actos lo que debía primar era la seriedad, sobre todo si tenía que estar expuesta a la gente, no pude evitar tentarme de risa. Fue cuando subí al escenario con las escoltas.
Todos mis compañeros estaban ubicados en la primera fila, para recibir también ellos el certificado de séptimo grado.
Yo venía muy seria con la bandera, que era bastante pesada. Pero al apoyarla en mi hombro e inclinar el mástil hacia atrás, mientras pisaba con cuidado cada uno de los peldaños, le pegué con la punta en la frente a Elba Nieva, una de mis compañeras.
La chica pegó un grito y yo desconocía el motivo.
Lo supe recién cuando me ubiqué al costado izquierdo del escenario.
En ese momento, Elba se tocaba la frente. De todos modos, se sonreía, lo que significaba que lo había tomado como un accidente y no estaba enojada conmigo. El resto de mis compañeros, en tanto, se reía a carcajadas, pese a que las maestras trataban de hacerlos callar.
Por eso no pude evitar la mueca que se reflejó en la foto, donde la risa se advertía flor de labios. Pero como había que permanecer inmutable, durante el tiempo que duró el acto, tuve que hacer un gran esfuerzo para no soltar yo también la carcajada.
En algunos momentos, cuando pensaba que ya no iba a soportar, me escondía detrás de la bandera para disimular la risa. Mis compañeras de bandera, que habían advertido lo que sucedía, también estaban tentadas de reírse.
Así que para no hacer las tres un papelón, tratábamos de no mirarnos entre nosotras.
Yo también evitaba mirar a Elba, a quien ya le había empezado a salir un chichón rojo, y a mis compañeros, que supongo, deseaban hacerme reír a toda costa.

sábado, 25 de mayo de 2013

LA BODA DE MI HERMANO ÁNGEL Y PATRICIA



En estos días se cumplen 21 años de la boda de mi hermano Ángel con Patricia.
Por eso se me ocurrió este pequeño homenaje. Porque una pareja sólida, en estos tiempos de tantos distanciamientos y divorcios, merece todo mi reconocimiento y mis deseos que el amor dure para siempre.
Yo viajé especialmente para el casamiento que tuvo lugar en 1992. El 28 de mayo fue la ceremonia del Civil y al día siguiente, la boda religiosa en la Iglesia San Francisco, de la ciudad de Jujuy.
Hacía mucho frío, pero el momento festivo le puso calor a la noche.
Como me gusta en este tipo de acontecimientos, adopté el rol de fotógrafa y estas son algunas de las fotos, de todas las que tomé, que rescaté para mi blog.
Salvo mi hermano Jaño, que ya estaba en el sur argentino, pude reunirme con toda mi familia. Y eso fue muy emocionante.
Pude ser testigo de los preparativos de mi hermanito para ir a la iglesia, en el que era su cuarto decorado con pósters de músicos de rock.
También de ver a mi mamá muy elegante, como una digna madrina de la boda. Y a mi papá, tratando de hacer un buen papel, muy serio, como el padrino del novio.
En las últimas horas, decidí probar hacer un video con las fotos más lindas que tomé. Me llevó varias horas, porque probé bastante, antes de lograr un trabajo que me dejara medianamente conforme.
Sólo espero que tanto a mi hermano como a mi cuñada les sea de su agrado, ya que ese fue mi propósito como regalo de aniversario.
No voy a extenderme demasiado, porque las fotos hablan por sí mismas. Simplemente quiero reiterar mis felicitaciones al amor duradero y a que hayan podido conformar una familia hermosa, con tres hijos maravillosos: Ernesto, Martín y Mateo.
Me quedó el sabor amargo de no haber sido elegida para ser la madrina de ninguno de ellos. Sin embargo, fue un sabor amargo que hace tiempo quedó en el olvido.
La realidad es que yo estoy demasiado lejos y una madrina tiene que ser alguien más presente.
Ahora lo que vale es este aniversario de amor, compañerismo y proyección hacia el futuro.
Mil felicidades para mi hermanito, Pato, Erny, Tincho y Mateito, y que festejen muchísimos más...

miércoles, 15 de mayo de 2013

CARLOS MONTERO...ALGUNA VEZ FUE MODELO


 Carlos Montero es hoy uno de los principales presentadores de la cadena CNN en español, un profesional reconocido y premiado por sus trabajos en el campo del Periodismo. Pero a los 21 años, ni soñaba con este éxito. Eran los tiempos de incertidumbre. De no saber hacia dónde encaminar su vida.
Por ser el hijo mayor de Carlos Montero, un importante hombre de televisión, creador de grandes éxitos y el descubridor de talentos, su futuro estaba encaminado hacia el mundo de los medios. Sólo que no sabía si iba a estar frente a las cámaras o detrás de ellas.
Yo lo conocí en ese tiempo.
Fue en el verano de 1984, en Mar del Plata, donde él era asistente de producción de "Mesa de noticias", la comedia, surgida en el entonces ATC, con producción ejecutiva de Gustavo Yankelevich y la dirección en el canal de Montero padre.
A raíz del enorme suceso en televisión, la comedia guionada y actuada como protagonista por Juan Carlos Mesa, fue llevada al teatro en esa temporada de verano, con una gran respuesta de público.
Yo trabajaba en la Editorial Perfil y por segundo año consecutivo me tocó integrar el equipo de periodistas del Operativo de Verano. Nosotros debíamos cubrir en su mayoría notas del espectáculo que iban a ser publicadas por todas o algunas de las numerosas revistas que tenía la editorial.
Éramos un grupo raro, donde los que pertenecían a las revistas importantes, como "La Semana" o la innovadora "Libre", que había llegado para romper el mercado con desnudos de famosas y crónicas contadas en primera persona por sus redactores, nos miraban desde arriba a los que pertenecíamos a los "tabloides" tirando a amarillo como "Casos", donde yo estaba, o "Tal Cual" y "Semanario".
Sin embargo, eso a mí poco me importaba porque me había hecho de unos amigos sencillos, divertidos y solidarios, con los que la pasaba bárbaro trabajando y en los pocos momentos que nos quedaban libres.
Corrían los primeros días del Operativo cuando la Revista "La Semana" publicó una nota con un texto reducido, pero con una amplia fotografía de Carlos con el torso desnudo y el mar de fondo.
La nota se tituló simplemente "Monterito".
De más está decir que provocó una revolución en la plantilla femenina de la redacción, comenzando por Claudia Acuña, la autora de la nota, que había quedado prendada del hijo de Montero.
Recuerdo que lo definió como "un dulce de leche".
A mí me pareció un chico lindo, pero no me interesó para nada. Los modelos no me gustaban porque se pasaban la vida posando y además debía ser un "cheto" cabeza hueca e insoportable.
Esa misma noche los jefes me encomendaron la tarea que iba a cumplir toda la temporada, que era la de recabar la información sobre la cantidad semanal de espectadores en los teatros de Mar del Plata.
Sin anestesia, caí en el teatro donde se representaba "Mesa de noticias".
Cuando pedí que se me suministre la información sobre los espectadores, me mandaron al asistente de producción, un chico rubio, de rulos y ojos verdes para que me la entregue.
Dudé si era o no "Monterito". Se lo pregunté y él sonriendo con cierta timidez al verse descubierto, me confirmó que sí, que era el protagonista de la nota de "La Semana".
Ese fue el comienzo de una amistad, que aunque hace muchos años que no nos vemos, seguirá por siempre.
Carlos es buena gente y como tal provoca que todos sus logros, tanto personales como profesionales, que descubro en las fotos y comentarios que publica en su cuenta de Facebook, cuenten con mi apoyo.
Tuve que echar atrás todos mis conceptos equivocados, porque lejos estaba de ser el modelito cabeza hueca. Aunque salido recién de la adolescencia era un tipo muy centrado, correcto y encantador.
En ese año '84, Carlos no hacía mucho tiempo que había comenzado a trabajar en la producción de "Mesa de noticias". Él venía de estudiar en Inglaterra y aún no tenía definida la carrera que iba a seguir.
Por Anamá Ferreyra, integrante del elenco de la comedia, accedió a participar de algunos desfiles como modelo. Pero era una actividad que no le gustaba demasiado.
Creo que lo que más le atraía era "cambiarse con las chicas en el backstage", donde como él mismo me contaba: "las modelos no tenían ningún problema de quedarse en bolas delante de todos".
Gracias a nuestra amistad, un día le pedí si podía posar para una nota sobre camperas y chalecos que iba a hacer para la revista "Tal Cual". De inmediato aceptó y él mismo llevó a Gisella Carcangiú, una modelo que trabajaba en "Mesa de noticias".
La nota es la que acompaña a este escrito.
Mientras lo veía seguido, nunca me comentó que le interesara el Periodismo como profesión futura. Aunque le gustaba que le contara anécdotas de mi trabajo. Un trabajo con una adrenalina permanente, que no te da respiro, porque todo depende de lo que "pinte" la realidad.
Por su contacto cotidiano con actores, en ese entonces se había entusiasmado con la posibilidad de dedicarse a esta manifestación artística.
Cuando terminó la temporada de verano en la costa, volvió a Buenos Aires y se anotó en la escuela del excelente director teatral Carlos Gandolfo.
Yo misma lo acompañé ese día y a punto estuve de anotarme también. Pero no pasó de una intención.
Esa vez, para que nadie lo identifique como "el hijo de", Carlos se registró sólo con su segundo nombre, Esteban Montero.
Pero hubo algo que echó por tierra sus ilusiones de ser actor. Un día que fuimos a la escuela de Gandolfo, no me acuerdo por qué trámite porque Carlos todavía no había empezado el curso, nos encontramos con un ejercicio conjunto en una de las salas, donde los aspirantes a actores se estaban revolcando en el suelo como si fueran animales.
Me miró y me dijo: "Eso no es para mí, no pienso hacerlo".Y allí quedó trunco su deseo de ser actor.
Con el tiempo, cuando habíamos perdido el contacto, me enteré que se había ido a estudiar Comunicación Social a Carolina del Norte, en Estados Unidos.
En ese país, la vida le cambió por completo. Se enamoró de una estadounidense, se casó en 1989 y estableció su residencia allí, donde formó una familia con hijos.
Ya como periodista, fue corresponsal de TELEFE. También trabajó un tiempo en la Argentina, en América 2. Fue reportero y productor en Univisión Miami y fue presentador en NBC Canal de Noticias.
Pero su consagración se produjo cuando ingresó en 1997 a la cadena CNN y se convirtió en uno de los pioneros de la señal y uno de los presentadores estrella de la edición en español
Ahora es reconocido en Estados Unidos y en toda Latinoamérica, que desayuna mirándolo en su programa diario de la mañana, "Café CNN" y lo disfruta en el resumen del fin de semana, "La noticia de la semana".
Es muy meritorio de Carlos que haya podido cumplir su sueño de ser alguien importante por sí mismo. Porque si bien  siempre tuvo una enorme admiración y un respeto soberano por su padre, nunca quiso utilizar su nombre para escalar posiciones.
A este homenaje que intenté rendirle a un amigo de hace 29 años, lo voy a cerrar con un tema de Andrés Calamaro, interpretado por Los Abuelos de la Nada. Un tema que adorábamos y que fue un éxito descomunal en aquel verano del 84'...



domingo, 5 de mayo de 2013

"LOS MURITOS"...GATITOS LINDOS, CALLEJEROS Y EN PELIGRO


Eran varios los años que de manera espaciada, me acercaba a alimentar a unos gatos abandonados en un predio que había sido una terminal de ómnibus en San José y Constitución, en el barrio porteño de Constitución.
Pero fue el año pasado que incrementé mis visitas, los fines de semana, días de franco, feriados y vacaciones.
Ya no eran los mismos gatos de entonces, pero con los que están ahora logré una enorme afinidad, que me obligó a seguir visitándolos.
No se podía ingresar al lugar porque desde que dejó de ser la terminal de ómnibus, fue clausurado y sólo se podía acceder a través de un portón, cerrado siempre con un candado.
Sin embargo, los animales entraban y salían a través de un agujero grande cercano al portón. Era cuestión de acercarse y llamarlos para que dos de ellos, uno gris oscuro y otro gris y blanco, ambos de gran tamaño, salieran a comer. A los otros, más ariscos, había que dejarles el plato con comida a través del agujero.
Hasta ahí todo bien. Pero en octubre de 2012 me encontré con la desagradable sorpresa que el agujero había sido tapado con cemento y que los gatos habían quedado atrapados adentro.
La angustia fue tremenda cuando descubrí que sólo quedaban dos agujeros que por fortuna no podían taparse porque actuaban como desagüe del predio. Sólo que los veía demasiado pequeños para que los gatos pudieran salir por ellos.
Además, la inmobiliaria había colocado un cartel que decía: "se alquila". Es decir que se volvía más incierto el destino de los animalitos.
Miraba el muro y me preguntaba cómo iba a hacer para arrojarles carne u otro tipo de alimento. Imposible con una altura de unos cuatro metros.
Desesperada me arrodillé ante uno de los agujeros y comencé a llamarlos para saber si habían quedado adentro. Y con sus maullidos, no tardaron en responderme.
A duras penas pude ingresarles un platito con comida. Y me sentí muy satisfecha cuando escuché que masticaban la carne y el atún que les había acercado.
Aunque no soy de pedir ayuda, decidí filmar y fotografiar el frente del predio, destacando el agujero tapado con cemento y los agujeros de menor tamaño, y escribí con ese material una denuncia que se la envié a Roxana Lunardón, una proteccionista con la que tengo un mayor acercamiento, para que lo divulgue entre sus pares.
Varias personas que no conocía no tardaron en hacerme llegar sus muestras de solidaridad, sugerencias y hasta el ofrecimiento de acercarse al lugar para ayudar a sacar y luego dar los gatos en adopción.
Fue una revolución de apoyo que me apabulló, al extremo que me arrepentí de mi carta, porque hasta tanto se les diera un destino a cada uno, yo al menos no tenía dónde dejarlos. En casa no era posible ya que mis tres gatitos son muy celosos y no soportarían a uno o más intrusos. Y corrían el riesgo de ser agredidos.
Entonces tomé la decisión de parar la pelota. Les agradecí a todos la solidaridad y los consejos, y les dije que ante todo iba a hablar con la inmobiliaria para que me deje sacarlos. Más adelante les iba a informar el resultado de las negociaciones y si iba a seguir necesitando su colaboración.
Nunca volví a hablar del tema con los proteccionistas.
Tardé algunos días en comunicarme con la inmobiliaria porque si me decían que iban a abrir el portón para rescatarlos, quería que fuera un viernes a la tarde o un sábado a la mañana, que es cuando el tiempo me lo permite.
El día que llamé, previamente había pasado por el predio para dejarles comida a los felinos y me encontré que la inmobiliaria había sacado el cartel. Eso significaba que el predio había sido alquilado. Me lo confirmó la empleada de la inmobiliaria, quien se negó a decirme a quién.
El alquiler me inquietó, ya que al no saber qué se iba a hacer en el predio, la situación de los animales se volvía muy incierta. Más aún si se decidía construir, porque en ese caso seguramente los obreros los iban a tirar a la calle. O ellos, asustados por el ruido de las máquinas, se iban a retirar por sus propios medios quien sabe a dónde.
Por un tiempo seguí dándoles de comer a través del agujero porque suponía que no podían salir, ya que de verdad las aberturas son muy pequeñas para el tamaño, sobre todo para dos de los cinco gatos.
Tal vez obligados por el hambre, un día esos mismos gatos tomaron la decisión de salir. Los dos grises se animaron a la libertad.
Fue una agradable sorpresa la que tuve una mañana cuando tras llamarlos, el gris oscuro sacó la cabeza por uno de los agujeros, se arrastró y salió a la vereda.
El otro gato no se quedó atrás. También sacó la cabeza por el otro agujero, se esforzó para vencer la pequeña abertura y tras salir, comenzó a moverse de un lado a otro, mientras yo los acariciaba a ambos.
La emoción invadió mi espíritu. Los gatitos habían dejado de ser esclavos del muro.
Ese día comieron en la vereda, mientras los restantes, ariscos, lo hicieron como siempre a través del agujero.
Para ese entonces ya los había empezado a llamar "los michis del muro" y con el tiempo, los denominé y lo sigo haciendo como "los muritos".
Opté por no ponerles nombre porque es una cercanía que me compromete a llevármelos a casa. Con decirles "michi", ellos entienden. Si al fin de cuentas, lo que les importa es que los alimente con comida rica.
Nunca había visto a nadie trabajando en el lugar, incluso cuando estando de vacaciones, fui a darles de comer durante la semana. Hasta que a través de mi tía me enteré que el predio había sido alquilado por una empresa vecina que comenzó a utilizarlo como playa de estacionamiento de sus directivos.
Un alivio, porque esto no afectaba la vida de los gatitos.
Pero en las últimas horas, al espiar por un agujero del portón, descubrí varias camionetas estacionadas y una mujer que se acercó cuando le estaba dando de comer a uno de los gatos y que suele alimentarlos como yo, me dijo que iban a empezar a construir. Incluso, por uno de los agujeros pude ver la arena acumulada.
Ahora sí el futuro de los gatitos se volvió incierto.
La mujer me contó, no sólo que ella había sido quien había hecho castrar a los dos gatos más mimosos, sino que está preocupada por los animales. Le gustaría que aparezca alguien responsable que los adopte.
Ojalá que los obreros no atenten contra los animales y mientras tanto, se pueda lograr una solución para que encuentren un hogar dónde vivir. Separados o no, pero un hogar para cada uno, incluidos los ariscos.
Los felinos están gordos porque comida no les falta . No soy la única que les acerca alimentos. Son al menos dos mujeres más las que les cocinan polenta, arroz y carne, y les llevan alimento balanceado. Y algunas también les dejan agua.
Sin embargo, tengo la impresión que ellos prefieren los sobres y latas de comida de gato, atún y pedacitos de carne e hígado que les llevo. Devoran todo en un instante.
En cambio, siempre encuentro sobras de arroz y sémola amarilla. Un día encontré unos huesos, que más para gatos era para perros. Por lógica, los gatos no los habían tocado.
Así que cada vez que voy, limpio el lugar tirando todas las sobras y les dejo la comida que ellos tanto disfrutan.
Lo más terrible es cuando llueve porque los agujeros se llenan de agua. Los gatitos no sólo no pueden salir a la vereda, por más hambre que tengan, sino que debo ingeniármelas para poner los alimentos en recipientes que no se hundan y se moje el contenido.
Un día me fui riendo de casa, ya que con un palo y un cartón que venía en el pack de la película sobre el general San Martín, "Revolución", hice una especie de pala para poder hacer pasar el plato a través del agujero. Esa especie de pancarta que armé, me hacía parecer como si estuviera haciéndole la campaña a Rodrigo De la Serna, el protagonista. Y eso fue lo que me causó tanta gracia.
Aunque el cartón fue devorado por el agua y algo de la comida se les mojó, al menos los michis pudieron comer luego de varias horas de una intensa lluvia.
Me conmovía verlos desesperados, mojando sus patitas con tal de alcanzar un pedacito de carne.
Así sucede siempre con el agua. A veces, no pueden ni acercarse a ninguno de los agujeros porque además de estar inundados, se acumulan hojas y basura.
El día de la gran tormenta, el 1° de abril pasado, yo estaba de vacaciones en el norte argentino y no podía dejar de pensar en los gatitos del muro. Recuerdo que le decía a mi mamá: "pobrecitos, qué mal deben estar pasándolo "los muritos", cuánto tiempo van a tener que estar sin poder comer por culpa de los agujeros inundados".
Difícil la vida de este grupo de gatos que me llevaría encantada a casa, pero que no puedo hacer, no sólo por los celos de los míos, sino sobre todo porque no quiero cargar a mi tía con más animales para atender, cuando me ausento para ir a visitar a mi familia.
Tal vez este escrito sirva para que algunas personas descubran a "los muritos" y opten por abrirles las puertas de sus casas y de sus corazones.
Claro que los voy a extrañar. Ya son parte de mi vida. Pero si sé que están bien cuidados, mimados, felices bajo un techo, yo estaré feliz por ellos.

domingo, 28 de abril de 2013

UNA FOTO, UNA HISTORIA...MI HERMANO Y SU HIJO


Esta es una de las fotos más lindas que saqué en mi vida.
Tiene la ternura de un padre dormido al lado de su hijo de pocos meses de vida. Pero tiene la emoción que ese padre es mi hermano Jaño y el bebé es Inti, su primer hijo, además de mi sobrino, mi ahijado.
El marco lo da el color de la frazada rayada y el cuarto de mi hermano, empapelado en esos años con imágenes de músicos de rock, su música preferida.
Recuerdo esa mañana, ya tarde, que Jaño había decidido seguir durmiendo hasta el mediodía, luego de una noche de diversión con sus amigos.
En ese estado de inconsciencia, con mi mamá le colocamos a Inti al lado y lejos de molestarse, le dio un lugar en su estrecha cama. Sólo había que hacer click con la cámara para registrar el momento.
De grandes, nunca más volví a ver una foto donde posaran juntos. Al menos, yo no saqué ninguna.
Pero de no existir otro registro, esta imagen se convirtió en un documento único y muy valioso.
Traer del pasado esa foto de hace más de dos décadas, tiene que ver con una expresión de deseos de mi parte: el reencuentro de padre e hijo.
No fue fácil para mi hermano ser padre adolescente, porque tenía que crecer él y de pronto se encontró que debía ocuparse de otra vida. Una vida tan frágil, en ese entonces, y con la cual iba a estar ligado para siempre.
Con Inti crecieron más o menos juntos, en la medida en que Charo, su madre, se quedaba en Jujuy, porque  ella iba seguido a su país, Bolivia, y lo llevaba con ella.
Pese al nacimiento de Inti y después de Yasí, mi otra sobrina, mi hermano y Charo nunca fueron pareja, y la relación entre ambos se fue endureciendo cada vez con el paso de los años.
Por ese motivo y porque además Jaño tiene un carácter fuerte, que Inti también heredó aunque en menor en medida, el vínculo entre ellos se fue debilitando.
Cuando Inti creció y optó por quedarse un tiempo con mi mamá, los encontronazos con su padre se hicieron  habituales. Y ahora, a varios kilómetros de distancia, ya que mi hermano está en el sur argentino y mi sobrino vive y estudia en Bolivia, cortaron la comunicación.
Una lástima que eso suceda.
Soy partidaria en que nunca hay que cortar el vínculo con los padres, por más que ellos se equivoquen y no estemos de acuerdo con sus puntos de vista y en la manera que nos criaron.
A pesar de las diferencias, ellos serán siempre las personas que nos dieron la vida e hicieron todo lo que estaba a su alcance para darnos una vida mejor.
Como a mi me hace bien estar en contacto con mi mamá y mi papá, me gustaría que la misma sensación la sientan el uno por el otro, Jaño e Inti.
Se merecen una nueva oportunidad para tratarse, para conocerse, para identificarse, para compartir los gustos musicales, futbolísticos y culinarios, y también para discutir frente a frente.
Pero por sobre todo, se merecen otra oportunidad para quererse.
Rezaré para que ese sueño se haga realidad...

lunes, 15 de abril de 2013

UNA FOTO, UNA HISTORIA...ÚLTIMO FESTEJO DE CUMPLEAÑOS...


Corría el año 1992, hacía tres que trabajaba en Canal 9, en el entonces noticiero "Nuevediario" y ya me había hecho de nuevos amigos para invitar a mi cumpleaños.
Todos los años, siempre se incorporaba alguien nuevo para disfrutar de ese momento, donde me convertía en el centro de los besos y abrazos, y en la receptora de varios obsequios, que aún conservo, pero que no recuerdo quiénes me los regalaron y cuándo los recibí.
Transcurría el mes de noviembre y me preparaba para cumplir mis 33 años rodeada de afectos.
Las veces anteriores nos juntábamos en casa, en los distintos departamentos donde me fui mudando a lo largo de los años, siempre sentados en la alfombra y sobre almohadones, porque no tenía sillones y pocas sillas. Pero aún con esas carencias y un poco amontonados, ya que vivía en lugares pequeños, siempre la pasábamos de maravillas.
Lo importante era estar juntos para comer, brindar y reírnos un rato.
En esa ocasión decidí hacer la reunión en un restaurante.
Me contacté con un jefe de prensa de varios artistas, que no recuerdo su nombre, para que me recomendara un lugar lindo, con comida rica y donde pudiera lograr algún descuento.
El restaurante actualmente ya no existe. Estaba ubicado frente a la Plaza Vicente López, sobre la calle del mismo nombre, en el barrio de Recoleta. Lo recuerdo muy acogedor, con buena ambientación y un trato excelente por parte de los mozos y el gerente del local.
Marisa Cortez,  mi gran amiga de la época en que trabajé en la Editorial Perfil, fue mi primera invitada.
Con Marisa estuvimos juntas en la redacción, aunque en distintas revistas, y en una temporada de verano, trabajando para la editorial. Y también fuimos vecinas. La contacté con la dueña del departamento en la calle Pacheco de Melo que yo alquilaba. Ella se vino de Adrogué y alquiló justo encima de mi departamento. Esa vecindad, afianzó nuestra amistad. Extraño esos tiempos.
Matu O'Connor fue la mejor jefa de prensa que tuvo Canal 9 en toda su historia y una gran persona, a quien le debo el contacto para la nota en "La Revista" con el productor general de "Nuevediario", Horacio Larrosa, y su hijo Leandro, y que fue mi pasaporte para ingresar al noticiero.
Matu fue acompañada de su hija Antonella.
Liliana Amuchástegui era la encargada de prensa de la agencia de músicos de rock de Daniel Grinbank y con la cual me hice muy amiga en un viaje a Rosario. Sucedió cuando fui a cubrir la vuelta triunfal a su ciudad de origen, de Juan Carlos Baglietto y Fito Paéz, en un concierto multitudinario en el estadio de Rosario Central.
De mi paso por "La Revista" y "Teletotal", ambas revistas de la misma editorial, vinieron Alejandro Veroutis, hoy uno de los jefes de prensa más importantes, entre otras figuras, de Antonio Gasalla, y la "Gallega", Viviana Fernández, de quien la última noticia que tuve fue que se había ido a vivir a España.
También asistió Pablo Grillo, el hijo del recordado jugador Ernesto Grillo, de quien me hice muy amiga, pero a quien lamentablemente le perdí el rastro con el paso de los años. Pablito fue con un amigo, que yo no conocía. Sin embargo, fue bienvenido a la reunión.
Me alegró que viniera Daniel Poplavsky, aunque ya hacía dos años que habíamos dejado de salir. Esa fue la última vez que lo vi. Hará unos dos años, me enteré por su hijo, el conocido abogado de la causa Cromañón, Patricio Poplavsky, que murió de un ataque cardíaco. Era un loco lindo, pero tenía una vida misteriosa.
De mi nueva etapa en Canal 9, no podía faltar la divertida Antonieta Rofrano, la secretaria de Horacio Larrosa, y con quien me llevé de manera excelente desde que comencé a trabajar en el noticiero.
Tampoco podía estar ausente Guillermo Andino, a quien conocía desde chico, cuando le hacía notas a su papá, Ramón Andino, y después a él, cuando tras la muerte de su padre comenzó a destacarse como periodista en Canal 13.
"Guille bonito", como yo le decía, fue un acierto de Alejandro Romay cuando lo contrató para la conducción del noticiero con Mabel Marchesini, con la que formó una dupla muy exitosa.
La cordobesa de Río Cuarto, Mabel, fue otra amorosa que también sumé a mi fiesta. Con ella volví a contactarme en los últimos meses, vía Facebook.
La velada fue muy amena. Logré que gente que no se conocía, congeniara y se sintiera a gusto. Sin embargo, fue al cabo de la comida que decidí que iba a ser el último festejo de mi cumpleaños.
Cuando llegó el momento de la despedida, cada uno se fue a su casa. Algunos, sobre todo los que iban a la zona sur del gran Buenos Aires, compartieron la movilidad. Y el resto, se fue en su vehículo o en taxi.
Nadie me ofreció acercarme a casa. No los culpo, seguramente no se dieron cuenta.
Así fue que de un momento a otro me quedé sola, parada en la puerta del restaurante.
Esa soledad, que me hizo deslizar un par de lágrimas, fue la que me llevó a hacer la promesa de no volver a festejar mi cumpleaños, a no ser que estuviera de novia o casada.
Al año siguiente viví el peor desengaño amoroso de mi vida, que me llevó a cortar de raíz toda posibilidad de volver a enamorarme. Nunca más sufrir por un amor no correspondido. Nunca más nadie.
De esa manera resolví mi vida y no me arrepiento, porque no volví a llorar por ningún hombre. Y aunque muchos no me crean, soy feliz así.
Por ese motivo, eliminé la celebración de mis cumpleaños. Sólo me regalo una semana de vacaciones, en la cual está incluido el día de mi cumpleaños. Mi festejo de ese día es no hacer nada. Me limito a responder los llamados telefónicos de mis familiares más cercanos y de algunos amigos, y los saludos a través de Facebook y Twitter. Y a escribir, la gran pasión de mi vida.
Tal vez algún día vuelva a reunir a mucha gente amiga del pasado y del presente, aunque no sea para festejar un cumpleaños. Lo haría simplemente para un reencuentro.
En la soledad de mi casa, a veces me pregunto, qué pasó con todos esos amigos. Algo malo debo haber hecho para que muchos de ellos me sacaran de sus agendas. Reconozco que uno de esos errores fue meterme tan de cabeza en el noticiero, buscando, indagando, estudiando, para no perder el puesto, que me olvidé del mundo.
Sólo conservé a los familiares cercanos y me hice de nuevos amigos en "Telenueve", que dicho sea de paso sólo veo en el plano laboral. Pero algunos han tenido actitudes maravillosas conmigo.
Cuando el reencuentro se produzca, voy a pedirles disculpas por mis errores. Quisiera darles un abrazo, recordar anécdotas del pasado y dejar abierta la puerta para más y más reuniones.
Eso es de momento una fantasía. Mientras tanto, miro con nostalgia la foto de aquel cumpleaños en 1992...