miércoles, 22 de diciembre de 2010

CINE TESTIGO DE TANTOS BESOS

Volví a pisar el cine Altos Hornos Zapla, testigo de besos del pasado, robados al amparo de la oscuridad, aunque la mayoría de ellos consentidos...

Fue como una escena de la película "Cinema Paradiso", donde se logró recuperar un cine que estaba, todavía no en ruinas, pero sí bastante arruinado.

Me encontré con un edificio renovado en su totalidad. Ahora es el Cine-Teatro Altos Hornos Zapla, luego de la restauración que le llevó algo más de cinco meses.

Desde su fundación en 1962 pasó por varios estados: de gloria, abandono, resurrección y hasta un cierre temporario.

Sucede que al pobre le tocó depender de los poderes de turno, que lo utilizaban de acuerdo a su conveniencia.

Por estar dentro del radio de lo que alguna vez fue la fábrica militar de Altos Hornos Zapla, fue creado en ese ámbito para un lugar de esparcimiento de las autoridades de la fábrica y de sus empleados.

Como todo militar, que le gusta "todo a lo grande", se construyó con dimensiones por demás pretenciosas para lo que era en la década del '60 una localidad tan pequeña. Tenía por ese entonces 1.600 butacas.

En los '80, con el advenimiento de la Democracia, el cine pasó a ser un "lugar creado por los militares", es decir "mala palabra", y se le retiró el subsidio que recibía por su mantenimiento.

Ya ni viejas películas se daban y terminó cerrándose por dos años. En ese interín, Zapla dejó de ser del estado y se privatizó.

A fines de los '90, el cine pasó a la Municipalidad de Palpalá, que comenzó a utilizarlo para actos, espectáculos y funciones de cine. Sin embargo, su aspecto seguía en decadencia.

Hasta que gracias a la intervención fortuita de Néstor Kirchner, en 2006, cuando aún era presidente de la Nación, la posibilidad de refaccionarlo pudo hacerse realidad.

Kirchner había venido a Jujuy y pasó por Palpalá, donde se reunió con el intendente Alberto Ortíz. Pero un súbito deseo de ir al baño del entonces mandatario, fue el comienzo de una nueva historia.

Las oficinas de la Municipalidad están pegadas al cine. Ortíz le indicó el baño. Sin embargo, Kirchner equivocó el camino y entró al escenario. Allí, según lo contó el propio intendente, se quedó sorprendido no sólo por la amplitud del edificio, sino también por el decadencia.


Cuando volvió a la oficina de Ortíz, Kirchner le dijo: "Qué hermoso cine tienen ustedes aquí. Es una lástima que se encuentre en tan malas condiciones. Yo te voy a mandar un subsidio para que lo pongas a nuevo".


Esas promesas que en muchos políticos no quedan más que en promesas, esta vez fueron verdaderas. Si bien es cierto, pasaron algunos años, pero el otorgamiento del subsidio se concretó, incluso ya con Cristina Fernández al frente del Poder Ejecutivo.


Lamentablemente cuando la refacción estuvo lista, ya el ex presidente había dejado de exitir y no pudo ver la obra terminada.


El intendente Ortíz, en agradecimiento por el subsidio que le permitió tener un espacio cultural que ahora es el orgullo de los palpaleños y hasta de la provincia, lo bautizó al Cine Teatro Altos Hornos Zapla con el nombre honorario de "Sala Néstor Kirchner".


El día de la renauguración, el pasado 3 de diciembre, no sólo se realizó un festival folklórico con músicos locales, sino que al día siguiente se presentó la obra: "Borges y Perón", protagonizada por Víctor Laplace y Jean Pierre Noher.


Yo pude observar la belleza del edificio, al asistir a la entrega de premios a los deportistas del año en Palpalá. Y no puedo negar que me produjo una emoción enorme de verlo tan hermoso.

Me enteré que de las 1.600 butacas originales lograron recuperar 1.200 y que está previsto incluirle próximamente otras 100.

Que se cambiaron los telones y toda la instalación eléctrica. También se colocaron nuevos sistemas de iluminación y de proyección de películas, porque los anteriores estaban absolutamente desactualizados. Y se colocó aire acondicionado en toda la sala, incluidos los camarines.

Estos camarines para los artistas, tres en total, que no pude ver, fueron equipados también con ducha y gran comodidad.

Fue inevitable no sentirme atrapada por la belleza del presente, mezclada con los recuerdos del pasado, cuando aún creía en el amor...

Ese cine no sólo fue el sitio para los primeros mimos con la persona que me robó el corazón, sino también casi el testigo del final de una historia, cuando en la década del '90 se produjo un reencuentro inesperado.

Recuerdo que el hall de cine, que no me acuerdo si ya no funcionaba como tal, se había convertido en una especie de bar. Y luego de caminar por el lugar, recordando viejas épocas, fuimos allí a tomar una gaseosa.

Esa había sido mi última imágen del cine. Cuando todo se rompió, mal, para siempre, nunca más quise volver.

Por eso, tal como una película, al recorrer con mi cámara el edificio, me sentí acompañada por la preciosa melodía de Ennio Morricone...

lunes, 6 de diciembre de 2010

ALEJO RIVERA, PROFESIONAL Y AMIGO QUERIDO


Alejo Emilio Rivera, el "chaira" de Olavarría, llegó por mérito propio al Mundial de Sudáfrica.
Porque Alejo es un periodista con todas la letras, que mereció ese viaje y unos cuantos por venir.

Todo se lo ganó sin pisar cabezas, con perseverancia, talento y sobre todo profesionalismo. Algo que a muchos periodistas deportivos, exceptuando a Chiche Ferro, les falta.

No voy a negar que cuando llegó al Noticiero de Canal 9 en 2003 , no me despertó ninguna simpatía. Yo creía que venía con la intención de quedarse con el puesto de mi amigo Chiche. Y eso no lo iba a permitir.

Es más, le dije a Chiche Ferro: "Tené cuidado con ese, porque me parece que es un pac-man dispuesto a comerse todo, empezando por vos".

Me equivoqué de cabo a rabo. No lo digo ahora como una confesión para que él se entere. Yo misma se lo confesé cuando comencé a descubrir que era una buena persona. Un tipazo. Leal con Chiche, por quien siempre mostró admiración, respeto y un gran afecto. Y un ser increíble, compañero, contenedor, para conmigo.

Alejo tiene una particularidad a nivel profesional que admiro enormemente: hace su trabajo de "taquito", como si fuera lo más fácil del mundo. Una cualidad de los talentosos.

Pero detrás de su facilidad de palabra, sus primicias, sus datos anecdóticos, sus estadísticas para acordarse de acontecimientos deportivos de la época que ni siquiera él había nacido, hay un trabajo silencioso, de relojería, muy pensado, cuidadoso, responsable, para ofrecer información fidedigna.


Muchas veces mi amigo tiró primicias. Pero como el noticiero va tan temprano, no todos lo pueden ver. Entonces al mediodía, en los programas deportivos de radio y televisión, la misma información la dan a conocer otros, y ellos quedan injustamente como los dueños de la primicia.

Por ejemplo, él fue el primero en mencionar a Américo Gallego como el posible reemplazante de Angel Cappa. Es cierto, no se concretó porque el "Tolo" no aceptó la propuesta de River. Pero la novedad estuvo en boca de Aleji, cuando el resto seguía hablando de Marcelo Bielsa.
Para viajar a Sudáfrica, Alejo estudió dos años de Inglés intensivo, cuando ni siquiera sabía que lo iban a enviar a él. Se ocupó de tener su pasaporte en orden. Y en cuanto a su labor profesional, estudió con detenimiento a cada uno de los equipos y en particular, a los futbolistas que participaron de la Copa del Mundo.

También fue por su profesionalismo que se ganó un lugar en el Fútbol Para Todos. Alejo es el encargado de presentar las síntesis de los goles, durante los entretiempos de los partidos. Además, siempre está atento para incluir jugadas especiales y ocuparse de las actuaciones de los jugadores que están en el exterior, tipo Lionel Messi. Como así también, darle un espacio a figuras de otros deportes.

Si Alejito estuviera en venta, creo que "lo vendí muy bien", como para pagar por él una suma millonaria, como a los grandes jugadores de fútbol.

Hincha fanático de Rácing de Olavarria, su equipo de la infancia, supo vestir esa camiseta. Y como seguidor, continúa "sufriendo" por la suerte de su club.

Mi amigo llegó a Buenos Aires con los sueños de ser un jugador de fútbol, hasta que se le cruzó en el camino el director técnico Mario Gómez, quien le tiró por el suelo todas sus ilusiones.

Es cierto, eso fue una frustración que nunca olvidará. Sin embargo, el Periodismo Deportivo se agendó a un representante digno y con un futuro ilimitado.

Ahora me voy a referir al Alejo amigo, el de todos los días en el Noticiero de Canal 9. El que siempre llega de buen humor y con una sonrisa, diciéndome: "Yayiiiiitaaaaa". Y dispuesto a tomar mi café.

Además del cafecito, Alejo me pide diariamente a media mañana un chicle. Él me dice que es una cábala, como lo es también la manera como me lo solicita. Me canta un tema de la Mona Jiménez, moviendo las manos como él: "No sé qué pasa en esta ciudad..."

Pasé de conocer al Alejo que me decía que "nunca se había enamorado de nadie", a este que acepta que "el amor llegó a su vida". Y no sólo eso, tengo la dicha de compartir su felicidad, muchas veces sólo expresada con la mirada, de convertirse en poco tiempo en papá. En papá de una nena.

Alejo tiene una memoria increíble para acordarse de los nombres de las personas, incluidos los segundos nombres y apellidos. Cada vez que se refiere a alguien en especial, hace hincapié siempre en el segundo nombre. En mi caso, resalta el apellido de mi mamá: "Scarpetta".

En el poco tiempo que tenemos para conversar durante las horas de trabajo, lo primero que elegimos es el Fútbol. Y en este rubro, también nuestros jugadores en los respectivos equipos del Gran D.T.

Alejo sabe que a mí no me gusta el Boxeo. Por eso, cuando quiere causarme alguna molestia, me anuncia "las próximas grandes peleas del fin de semana". O me habla, como si a mí me interesara, del triunfo de tal o cual boxeador.

Otro de los deportes que a él le gusta y a mí no, es el beisbol.

Coincidimos, además del fútbol, en el básquetbol.

Pero en lo que se refiere a las preferencias musicales, estamos en las antípodas, salvo en alguna que otra excepción.

Alejo es un fanático de "La Mona" Jiménez y yo sin serlo, admiro mucho de la obra musical del cuartetero cordobés. Pero no estamos de acuerdo con otros cantantes tropicales. A él le gusta Leo Mattioli y yo no tengo identificada a ninguna de sus canciones. También admira a Joaquín Sabina. A mí en cambio de Sabina sólo me gustan dos canciones: "Y nos dieron las 10" y la preciosa "Y sin embargo".

Hay algo que Alejo aún no ha sabido aprovechar: su voz. Mi amigo canta muy bien. Ahora casi no hablamos de eso, pero muchas veces cuando lo veía a su colega Tití Fernández cantando en el programa de Marcelo Tinelli, donde incluso resultó ganador, yo le decía que él también intentara por ese lado.

Espero que algún día recapacite. Y así como se preparó para ir a Sudáfrica, se busque un profesor de canto para que lo guíe, y haga lo propio en un rubro que le puede dar grandes satisfacciones.

Nadie lo aplaude por relatar un gol o comentar un partido. Pero sí podría ganarse una ovación si su interpretación llegara al corazón de la gente. Y ahí quisiera estar en la platea, para confirmarle que "yo tenía razón".

No sé si lo dije personalmente. Sin embargo, tengo un agradecimiento infinito hacia mi querido amigo por haberme permitido conocer una red social como Twitter.

Por Twitter me volví más comunicativa. Y lo que considero más importante, fue el trampolín para la creación de este blog, que es mi vía de escape y lo mejor que me pasó en el año.
"Aleji" no podía quedar afuera de un merecedor homenaje en este espacio. Humilde es cierto, pero cargado de toda mi admiración y cariño.



Posted by Picasa

viernes, 26 de noviembre de 2010

RECETA CASERA PARA EL MAL DE AMORES



No soy tan extremista respecto a los hombres como Paquita la del barrio, pero para la receta sobre la cura del "mal de amores", vale guardarse algunas de las descripciones maliciosas de la cantante mexicana.

Aclaro que lo mío no es brujería, ni mucho menos. Tampoco soy psicóloga como para recurrir a la sabiduría de Freud o sus continuadores en la materia.

Lo mío está hecho en base a experiencias personales.

Resolví como punto de partida que la mejor manera de no llorar nunca más por un hombre, era hacer todo lo contrario de lo que había hecho en mi vida. Es decir, no amarlos más.

La receta no está dirigida a aquellas mujeres que si bien se sacaron a "un clavo" (esto como sinónimo de hombre malparido) de encima, sueñen con encontrar a otro que valga la pena de ser amado.

Si siguen leyendo, les adelanto que van a perder el tiempo...

La receta es para las valientes, jugadas incluso a quedarse solas para siempre.

No crean que es fácil llegar al objetivo. Todo lo contrario. A mi me llevó muchos años de lucha interna y de litros y litros de lágrimas. Pero ahora puedo decir con orgullo y ninguna cuota de arrepentimiento, que lo conseguí.

Como no soy egoista, quiero transferirle mi humilde solución a las sufridas enamoradas, que se aguantan cualquier cosa con tal de tener a un tipo al lado.

De entrada, hay que pensar que los hombres no son necesarios para vivir. En los tiempos que corren, hasta la maternidad se resuelve con inseminación artificial o adoptando un hijo.

Sin embargo, no quiero ahondar demasiado en el tema de los hijos, porque carezco de experiencia. Mi lado maternal se reduce al trato que le doy a mis gatitos. Aún así, sería una idiota, si intentara comparar esa relación que tengo con mis animalitos con la de una mujer y el hijo de su vientre, o el hijo del corazón.

Vuelvo a la receta.

Tras mi última desilusión amorosa, hace varios años, resolví que "nunca más me iba a volver a enamorar".

Se preguntarán cómo puedo manejar algo tan fuera de control como los sentimientos. Actuando con la mayor frialdad posible.

Con el dolor en el alma, opté por correr el mayor riesgo de mi existencia: el de quedarme sola para siempre. Si lo miro del lado malo, diría que perdí por goleada. Pero desde mi gélida mirada, gané el derecho a manejar mi vida con absoluta libertad.

Siempre habrá un lugar, una canción, una foto, para traer a la memoria al hombre o a los hombres, por quien o quienes se sintió "la cosita loca llamada amor". Ese es el momento crucial para aplicar mi receta.

Consiste en darle una vuelta de 360 grados al buen recuerdo, el de los besos, los abrazos, las risas, los bailes, la música, la felicidad. Y pensar lo peor que tenía esa persona.

Esto es, sus enojos, su indiferencia, sus infidelidades, sus mentiras, su falta de elegancia, sus gestos repulsivos, sus vicios asquerosos como el cigarrillo y el alcohol, sus olores más podridos. En suma todo lo feo que describen las canciones de Paquita la del barrio.

Por arte de magia, a los pocos minutos, el romanticismo se diluye como un terrón de azúcar en el café.

Al principio fue difícil lograr ese cambio repentino. Sin embargo, con el tiempo, me resultó lo más natural del mundo.

Esto hace que sea maravilloso mirar el pasado con tanta impunidad. La misma impunidad, que hasta me permitió mantener en la actualidad una buena relación con las personas que fueron importantes en mi vida. Porque no pretendo ni remotamente reeditar el pasado.

Creo que la edad me ayudó a elaborar esta suerte de panfleto justificatorio. Con 51 años encima, "me siento demasiado joven para morir y demasiado vieja para que alguien se enamore de mí".

Al haber renunciado a esa posibilidad de que alguien se enamore de mí, no tengo que vivir pendiente de un posible llamado telefónico o un correo electrónico. Nada. No hay condicionamientos que me aten.

Entiendo que para alguien que sueñe con una nueva oportunidad en el amor, no es recomendable tomar al pie de la letra mi receta. Pero para las que están dispuestas a no dejarse engañar nunca más, es infalible.

Cuando los recuerdos del amor intenten horadar nuestras mentes, también se puede recurrir a las expresiones de dos famosas: "Salí de acá, no te registro", by Moria Casán. Y "Push, push", by Graciela Alfano. Y a vivir la vida con una sonrisa de oreja a oreja. Porque como decían nuestras madres, tías y abuelas: "mejor sola que mal acompañada".

viernes, 19 de noviembre de 2010

MOLTONI Y EL SACO AJENO

Tengo un muy buen recuerdo de Enrique Moltoni, cuando lo tuve como compañero en "Nuevediario".
Siempre fue un hombre serio, respetable, elegante. Por eso la anécdota que tengo para contar de él resulta aún más graciosa.
Un día llegó demasiado tarde para la edición del mediodía del noticiero. Es más, ya había comenzado. Y era sabido que "las llegadas tarde" a Horacio Larrosa, el Director de Noticias, lo ponían de muy mal humor.
Enrique entró apurado al canal, apenas saludó en la redacción y se fue urgente a maquillaje.
Una vez que estuvo maquillado, vino corriendo en camisa a la redacción. Yo estaba sola en la oficina y me preguntó si había dejado allí su saco. Le respondí que no. Y comenzó a preguntarse en voz alta dónde lo había puesto.
Enrique estaba muy nervioso porque se veía venir el reto del jefe. Entonces se fijó en el perchero, por si encontraba alguno que le quedara bien para salir del paso.
Sólo que el único que estaba era el de Gustavo Sammartino, un productor que actualmente está en Radio Mitre.
Todos los que conocen a Sammartino, saben que su contextura es pequeña. Moltoni, en cambio, es alto y con un físico más robusto.
Sin embargo, en su desesperación, Enrique decidió ponerse el saco de Gustavo. Basta recordarlo, para reirme sola mientras lo escribo.
Le quedaba horrible. Demasiado corto y tampoco le alcanzaba para prenderse los botones.
En esa situación, era imposible que pudiera salir al aire.
Pero yo me lo imaginaba ante cámaras, dando las noticias deportivas, con un saco corto e imposible de prender. Y eso me mataba de la risa.
Mientras lo tenía enfrente, tan patético, era tremendo el esfuerzo que debía hacer para no reirme a carcajadas. Porque el pobre Enrique, no se lo merecía. Y de verdad estaba angustiado.
Le dije que así no podía ir al piso. Que fuera a maquillaje, porque seguramente allí había dejado su saco.
Nervioso como estaba, se quitó el de Gustavo y en lugar de colgarlo en el perchero, lo dejó tirado sobre una mesa y se fue a maquillaje.
A los pocos minutos, lo ví en el aire, con su saco puesto. Como era de esperarse, lo había dejado en el perchero de la sala de maquillaje.
Cuando terminó el noticiero, Gustavo volvió a la redacción. Y lo primero que le llamó la atención fue que su saco estaba tirado sobre una mesa.
Yo, que seguía riéndome sin parar, apenas le pude explicar el incidente de Moltoni. Sammartino no se enojó. No era necesario. También él empezó a reirse.
Hace 21 años que estoy en Canal 9 y juro que nunca me reí tanto en la redacción como ese día. Todo gracias al saco "extraviado" de Enrique Moltoni.

martes, 16 de noviembre de 2010

LA LOCA DEL PALO



La chica de la imágen es sólo como referencia para lo sucedido madrugadas atrás con una mujer que ví frente a Canal 9, en la esquina de Dorrego y Cabrera.
Eran cerca de las 3.30 y yo venía de bajar del colectivo en Jorge Newbery y Conde, cuando ví de lejos a una mujer que caminaba apurada desde Dorrego y se detuvo en medio de la calle, frente a un restaurant llamado "El Timón, en ese lugar donde Cabrera pasa a llamarse Conde.
Me llamó la atención lo nerviosa que estaba. Daba la impresión, al menos de lejos, que hablaba sola. También llevaba un palo de un metro de largo en la mano y estaba vestida con un short. Le calculo unos 58 o 60 años.
Yo tenía que pasar más o menos cerca de ella, porque antes de entrar al canal, le doy de comer a un par de gatitos que están en un galpón sobre Dorrego, al lado de una carnicería.
La mujer parecía que esperaba un taxi. Sin embargo, cuando pasó uno, no lo tomó.
Empecé a creer que le "faltaban unos jugadores", cuando tomó el palo e hizo como si hiciera sonar una trompeta.
Ahí me dije: "sonamos, esta me ve y se me viene encima y me pega con el palo".
No sé si no me vió o no me tuvo en cuenta, pero pasé inadvertida.
No sucedió lo mismo con un hombre de entre unos 65 y 70 años, que venía por Dorrego, por la vereda del canal e iba aparentemente hasta la Avenida Niceto Vega.
Cuando lo vió, la mujer se fue hasta donde él iba pasando.
Yo hasta eso, había llegado al frente del galpón y les estaba dando de comer a los gatitos. Pero seguí atenta a lo que sucedía en la esquina.
Comencé a escuchar que discutían. Cada vez más fuerte. Sólo que no entendía lo que se decían. Esto porque soy un poca sorda del oído derecho.
Supongo que la mujer le pidió dinero y el hombre se negó. Es lo que se me ocurre.
Porque lo gracioso fue la reacción de la mujer.
Comenzó a pegarle con el palo y el pobre tipo gritaba: "¡Loca, loca, pará!". Eso sí me llegó a los oídos, porque gritó a toda voz.
La víctima empezó a correr y la mujer lo siguió. Iba detrás de él con el palo en alto.
Fue tan divertido, que sólo le faltaba la música de Benny Hill, para que se pareciera a una escena de película o de serie cómica.
El desafortunado cristiano se tuvo que esconder en un estacionamiento que está frente al Mercado de Pulgas y la mujer siguió con su palo en alto hasta la avenida. Allí la perdí de vista.
Me hubiese encantado haber tenido una cámara para filmarlo. Porque realmente fue desopilante.
Esto me hizo empezar la jornada de trabajo con un sonrisa. Todo gracias a la señora, o mejor dicho a "la loca del palo".

viernes, 12 de noviembre de 2010

QUIERO CREER QUE ES POSIBLE



Sólo por 24 horas quiero creer que mi teléfono no parará de sonar con saludos cargados de afecto.

Que abrazaré fuerte a mi mamá, a mi papá y a mis hermanos, a quienes tengo tan lejos, repartidos en distintos puntos del país.

Sólo por 24 horas quiero tener conmigo a mis gatitos ausentes...Pilito...Bambita...Chichi...que se me fueron delante de mis ojos, sin que yo pudiera hacer nada para salvarlos.

Por unas largas 24 horas quiero sentirme la más querida.

Quiero creer que fuí yo la que elegí vivir sola y no porque no me quedó más remedio, ante la falta de amor de las personas que amé.

Sólo por 24 horas quiero sentir el elogio de gente ligada a la Cultura, sin ningún compromiso conmigo, ni familiar ni de amistad, por lo que escribo en este blog.

Quiero creer que vale la pena el esfuerzo de dormir tan pocas horas por día para buscar y encontrar en varios medios del mundo y del país, noticias interesantes y sobre todo originales para difundir en el noticiero.

Sólo por 24 horas quiero gozar de un aumento saludable de sueldo para que más allá de pagar las cuentas y de ayudar a mi mamá, me alcance para arreglar todos los artefactos que tengo rotos y pueda vivir sin lujos, pero con dignidad.

Quiero que de una editorial de renombre me llamen para anunciarme que esperan con ansiedad la finalización de la novela para poder publicarla, la misma que sólo puedo escribir cuando estoy de vacaciones o tengo algún franco.

Sólo por 24 horas quiero saber que cuento con "una importante" suma de dinero para montar mi fundación dedicada a los animales abandonados: gatos, perros, caballos y todos los que necesiten comida y amor, en igual medida.

Quiero hacer una pequeña, no más, renovación de mi vestuario y calzado, gastados y deteriorados por el uso frecuente.

Sólo por 24 horas quiero verme joven, sin arrugas ni estrías, ni ojeras, ni adiposidades molestas.

Quiero cerrar mis oidos a las palabras cargadas de odio y de venganza, y sólo oir las más bonitas, relacionadas con el amor, la esperanza y la solidaridad.

Sólo por 24 horas quiero sentir un abrazo de oso, ese fuerte, de contención, en silencio, que hace muchos años que no recibo.

Quiero brindar (con agua porque detesto el alcohol) mientras pienso tres deseos ante una vela encendida.

Sólo por 24 horas quiero volver a jugar: al TEG, el Paddle, la Lotería, el Chin chon, el Diccionario, al fútbol, sí, al fútbol, y otros juegos, como lo hice con alegría con familiares y amigos.

Quiero reir y reir con mi gente, recordando momentos agradables e imitándonos mutuamente, como en los viejos tiempos, con mis hermanos y amigos que hace tiempo no veo.

Sólo por 24 horas no quiero usar el inhalador por el asma que ahora tengo por culpa del aire acondicionado de la redacción.

Quiero ver a River, mi querido equipo, que vuelva a jugar bien y gane para salir del pozo. Pero esto no sólo por 24 horas, lo extiendo sobre todo hasta el Superclásico y de allí hasta el final del Torneo Apertura.

Sólo por 24 horas, quiero dejar de lado la nostalgia y evitar llorar por los ausentes.

Quiero estar con los que quiero.

Sólo por 24 horas deseo sentir que soy enteramente felíz.

Nada más que por un día.

¿Por qué quiero todo eso en las 24 horas de un 13 de noviembre?.

Simplemente porque estoy cumpliendo 51 años y a pesar de estar sola y con muchas necesidades de cariño y algunas materiales, aún creo en las utopías.

P/D El video de Silvio de la portada es mi auto-regalo de cumpleaños. Pero sólo por 24 horas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL ASALTO A CANAL 9





Se cumplen 15 años del día que una banda de delincuentes, disfrazados con pelucas, y con armas de fuego y granadas, entraron a robar a Canal 9.

En ese entonces, estábamos todavía en Gelly y Salguero, en el barrio de Palermo, y el dueño era Alejandro Romay.

No soy la única que cree que fue una entrega.

Ese día, 3 de noviembre de 1995, era la última vez que nos pagaban el sueldo en mano, en una ventanilla que quedaba en uno de los tantos vericuetos que tenía ese edificio.

Al mes siguiente, el pago se iba a hacer vía bancaria. Es decir que para los ladrones, era "un ahora o nunca". Y fue un "ahora".

El copamiento se produjo a pocos segundos de las 8 de la mañana.

Yo hacía apenas cinco minutos que había ido a cobrar y volví a la redacción, que quedaba a unos 20 metros de la entrada de la emisora, sobre el lado izquierdo.

Estábamos en plena producción del noticiero del mediodía, sacando los equipos a la calle para la cobertura de distintas notas.

Todo se desarrollaba de manera normal. No hacía mucho que teníamos a una nueva directora del informativo, Lucía Suárez, y estábamos en ese momento con la productora ejecutiva.

De pronto llegó a la redacción Jorge Carlos, uno de los editores, con el rostro pálido. Como estábamos acostumbrados a su carácter bromista, me llamó la atención, y le pregunté qué le pasaba.

Casi temblándole la voz dijo: "están robando en el canal".

Al principio no le creí, porque no entendía cómo había llegado hasta donde estábamos nosotros, sin que los delincuentes lo detuvieran.

"Sí, es verdad, están robando", volvió a repetirme.

Fuí hasta la puerta de la oficina y espié lo que sucedía en la entrada.

Era cierto. En ese momento, un tipo armado empujaba al personal que iba entrando y lo iba encerrando en la pequeña oficina de Seguridad, previo retiro de los celulares, que en esa época eran enormes y difíciles de ocultar.

Le dije a mis compañeros: "Tiene razón. Están robando".

Mi escritorio quedaba detrás de una pared, por lo que desde la puerta no podían verme. Quise aprovechar esa ventaja para llamar a la policía, antes que los delincuentes entraran a buscarnos.

Lo bueno es que pese a que los delincuentes habían cortado las líneas telefónicas del canal, como nosotros teníamos líneas directas, no nos había afectado.

Yo corrí hasta mi lugar, tomé el teléfono y me escondí debajo del escritorio para llamar a la Policía.

Mientras tanto, la productora ejecutiva, que parecía inmutable, hablaba por teléfono con Lucía Suárez, que estaba en su casa.

Por suerte, cuando marqué, me tocó una mujer policía que no dudó de mis palabras. Le dije: "están robando en Canal 9, mande urgente un patrullero, por favor". La chica me respondió: "ya le enviamos uno". Y corté asustada.

En ese momento, cuando me estaba reincorporando y ya había dejado el teléfono sobre el escritorio, entró uno de los ladrones, apuntándonos con un revólver y pidiéndonos que dejemos todo y salgamos de la oficina.

La productora, con "sangre de pato", le dijo a Lucía Suárez, como si nada: "te tengo que cortar porque nos entraron a robar". Y cortó. Del otro lado de la línea, Lucía no entendía nada.

Sin agredirnos, nos obligaron a entrar en la oficina de Seguridad, que hasta ese momento ya estaba llena de gente. Sobre todo de los empleados que habían entrado a las 8 y eran interceptados en la puerta, cuando iban a marcar la tarjeta de ingreso.

Una vez que sacaron al resto de personal que estaban en las oficinas y los llevaron al cuarto de Seguridad, nos pusieron varias granadas activadas, a punto de estallar, en el piso. Si alguno las tocaba, nos podía hacer volar por los aires.

Antes de ponerme a rezar, le comenté a los que tenía más cerca, que había alcanzado a llamar a la Policía y que en cualquier momento llegarían los efectivos al canal.

En ese interín, los ladrones se alzaron con el dinero de los sueldos, que aún no habían sido pagados. Se calcula que eran unos 600 mil pesos, que en esa época era mucha plata.

En medio de la tensión por estar en condición de rehenes, se produjeron algunas situaciones desopilantes con los empleados de la emisora.

Siempre se dice que en "los canales están todos locos". En esa oportunidad, hasta los propios ladrones deben haber pensado lo mismo.

En esa época, en el 9, había una señora muy mayor, Nieves, que bien podría haber estado en su casa gozando de una jubilación, con sus más de 80 años. Pero como ella era felíz en el canal, Romay le permitía la permanencia y le daba tareas por las cuales no tenía que hacer demasiado esfuerzo. Era la encargada de hacer todas las fotocopias que necesitaban sus compañeros.

Además, Nieves tenía su carácter. No cualquiera podía pasarle por encima.

El día del robo, la viejita se enojó con el ladrón que fue a buscarla a su oficina.

"Tiene que venir conmigo", le dijo el delincuente, mientras le apuntaba con un arma.

Y Nieves, lejos de sentirse amedrentada, le respondió: "¿Y usted quién es?. Yo no voy a ningún lado. De aquí no me muevo".

El hombre, que hay que reconocerle, tenía una gran paciencia, no sabía cómo convencerla que había un asalto en el canal y que ella tenía que seguirlo, para encerrarla con nosotros en el cuarto de Seguridad.

Cuando finalmente logró convencerla, Nieves también pasó a integrar el grupo de los rehenes. Pero no se privó de hacer un comentario, al pasar cerca de las granadas: "¿Y esto qué es?, por qué tiran las cosas en el piso?".

Otro de los protagonistas de esa tragicomedia fue Piero, un asistente de dirección.

El "Tano" era uno de los asistentes de la telenovela "Ricos y famosos", protagonizada por Natalia Oreiro y Diego Ramos, que era la única producción del canal que se grababa en los nuevos estudios de Dorrego al 1.700, donde estamos desde el '97.

El edifico estaba en plena refacción, para transformar en un canal de televisión lo que había sido un mercado de carnes, frutas y verduras.

Todos los empleados que estaban en esa producción, tenían que ir primero por Gelly, marcar la tarjeta y cargar con los libretos para los actores.

Ese día del robo, Piero, encerrado con todos en ese "cuartucho", les gritaba a los delincuentes que "se apuren", porque él estaba llegando tarde para las grabaciones de "Ricos y famosos".

Entre mis rezos por un lado, los silencios de varios compañeros por otro, y también las "locuras" de Nieves y de Piero, escuchamos de pronto varios disparos en la entrada del Pasaje, donde estaba enclavado el canal.

Había llegado la Policía y los estaba esperando a los delincuentes. Uno de ellos, que llevaba una peluca, fue acribillado por los efectivos, y otro resultó detenido.

Sin embargo, el que llevaba la bolsa con el dinero, junto a otros, al escuchar los tiros, cuando estaban por salir, decidieron ir hasta el fondo del canal para intentar escapar por otro lado.

Salieron hasta el patio, subieron al techo y consiguieron huir por el lado de la Avenida Figueroa Alcorta. Pero antes, dejaron varias granadas distribuidas en distintos puntos del edificio.

Cuando la Policía reparó que habían quedado delincuentes dentro del canal, comenzaron a buscarlos. Sin embargo, no pudieron detenerlos y la plata se fue con ellos.

Uno de los policías vino hasta donde estábamos encerrados y nos dijo que "ya había pasado todo", pero que debíamos salir a la calle, porque debía actuar la Brigada de Explosivos, para retirar la totalidad de las granadas que habían quedado activadas en el piso.

Antes pasé por la oficina para retirar mi agenda y alcancé a avisarle a los productores de los noticieros de América, que en ese momento eran amigos, y a los de Canal 7, que "habíamos sido asaltados".

Al rato, la puerta del canal se llenó de periodistas de todos los medios.

Del 9, la productora ejecutiva designó a Cristina Pérez para que hiciera la nota del asalto.

Por ser la persona que había llamado a la Policía, tenía buena parte del protagonismo y fuí la primera en hablar con ella. También el desaparecido periodista de Policiales de Canal 13, Enrique Sdrech, habló conmigo.

Después de haber pasado tanto tiempo del otro lado, mandando a cubrir distintos hechos policiales, era la primera vez que nosotros, los empleados de Canal 9, éramos el centro de la noticia.

Eso fue, hasta que llegó la información desde Córdoba, que había explotado la Fábrica Militar de Río Tercero.

A partir de allí, todos los medios, se abocaron a cubrir esa noticia, que era realmente trágica. Nosotros, a pesar de estar todavía shockeados por el robo, tuvimos que seguir trabajando como si nada hubiera ocurrido.

Como en ese tiempo, yo tenía a cargo todo el trabajo de los corresponsales del Interior, mi tarea fue conseguir lo antes posible, las imágenes del desastre en Río Tercero.

Recién, cuando volví a casa y pude despojarme de la tensión de la jornada, mi desahogo fue tirarme en la cama y no parar de llorar.

Ese había sido mi primer contacto con la delincuencia. Un debut que no fue despedida.
En este tiempo, en que los delincuentes perdieron los códigos. Que golpean, hieren y hasta matan sin motivo, debo reconocer que en el robo a Canal 9, ninguno de los empleados sufrió ningún maltrato. Y salvo a algunos que les quitaron el sueldo y los celulares, al resto, no nos sacaron nada.
Pero era el comienzo de un trato cada vez más cotidiano con la inseguridad, que ahora, con tanta continuidad, nos afecta y nos duele a todos.